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Enredada entre los cables: Pilar Gough y el naufragio de "Lo que no logré en la ciudad"

23 sept
4 min de lectura

Una mirada al interior del recorrido que propone la artista patagónica en su segundo disco que dialoga entre la velocidad de Buenos Aires y su amada Villa La Angostura


Por Azul Martinez Flaiman - @azuntvg


Arte de tapa x @ilanbendersky
Arte de tapa x @ilanbendersky

En su segundo material de larga duración, Pilar Gough le canta a su tierra natal —Villa La Angostura— dejada y revisitada, a su provincia de Neuquén, a su familia —lejos pero siempre cerca—, a la ciudad de Buenos Aires, a los amores que fueron, a los sueños que se hundieron y a los que mantiene vivos dentro de la mochila.


Este recorrido de ocho canciones se siente en el cuerpo como un naufragio intenso por los ritmos latinoaméricanos: candombe, cumbia y salsa se combinan con sonidos analógicos y acuáticos que se filtran entre las melodías con la ternura, la angustia, el miedo, el sentido de pertenencia y el amor a lo que realmente importa: los afectos y la tierra de uno.


Con dos covers, seis canciones originales y un trabajo conjunto con Baltazar Oliver en producción, el disco logra que dedicarle una atenta escucha se sienta como atravesar una cascada: no se sale de ahí en el mismo estado.

Además, se despliega en un universo audiovisual de ocho producciones que acompañan la emoción de cada composición a través de distintos paisajes urbanos.



La primera canción, Ahogados, propone el primer acercamiento a la naturaleza como contraposición a la velocidad y ruido de la ciudad. Y una pregunta que queda abierta hasta el final:


Qué define la cercanía de algo si las flores están brotando pero el viento decide llevar su aroma a otro lugar?

En Cuando no tenga tiempo, la voz dulce de Pilar se encuentra con la de María Morgade con un pedido particular: pongan freno, miren al sol.

Además, la letra es un relato que da cuenta de su admiración por la naturaleza y sus orígenes.

Cuando ya no tenga tiempo, déjenme en mi tierra bajo este cielo

Quién va a cantar de Rubén Rada fue pensado como una reversión y un deseo de reivindicar la figura de "el negro" y esta poderosa letra. Una forma de plantar bandera de la mano de un clásico, incluyendo también versos que le dan nueva vida.


Cuando haya parado el fuego / una siesta casi eterna / pido por que florezca la memoria en el desierto

Con la triste noticia del fallecimiento de Rada, la inclusión de esta canción en un disco que salió tan cerca cronológicamente de su partida se siente como lo correcto para hacer. Ya no tenemos que preguntarnos quién va a cantar ni quién va a soñar. Pilar va a seguir tocando la melodía del amor, en su honor.


Para Copla de los hermanos, se suma la voz de Manu Estrach como instrumento indispensable para el sentir encapsulado en la canción. Una celebración a la unión con quienes nos rodean y a aceptar, en paz, cuando llegue el final.


La fuente sagrada nos trajo y ahí volverán nuestras voces / mientras que del resto del cuerpo nacerán nuevos frutos y flores

Un último gesto funciona como una puñalada a través de la voz reverberada de Gough, el relato empieza esperanzador ante una pérdida: con el recuerdo con amor me conformo. Y termina con un manifiesto que se repite como mantra:

El amor arde o dura / el amor arde o muere / el amor arde o cura / el amor arde o cede

Lumbre es una declaración de amor. Directa, cortita y al pie. Como una especie de interludio luminoso que dialoga con la canción anterior.

Si sintieras mi corazón amándote / sabrías que lo tienes todo

El acuerdo es el punto más emotivo y alegre del disco, con un sonido más cercano a la cumbia, Pilar le canta a su mamá para llegar a un pacto: que cuide de su alma como cuida de la de su propia hija. Es un himno a las madres, una oda al amor y al sacrificio que los hijos podemos reconocer recién al crecer, pero también una invitación a frenar:

Servite de todo lo que sembraste / sé que pasaste guerras en silencio

El naufragio llega a tierra firme con Neuquén Trabun Mapu, el himno de Neuquén, que tan presente está en la vida de los habitantes de la provincia y tan poco en el resto del país. Junto a La Valenti y Trucha, ambos neuquinos, Pilar cierra su segunda entrega discográfica con un grito de amor por su tierra. La que dejó atrás para perseguir sus sueños, pero a la que siempre lleva consigo y a la que siempre vuelve: a tocar, a escribir, a habitar y a compartir. Esa que la inspira con su naturaleza y la abraza con su tranquilidad en medio de su rutina porteña ajetreada.

Una tierra de la que realmente nunca pudo ni podrá irse, porque la llevará consigo infinitamente en su sonido onírico, su suave interpretación, su fuerte presencia y su ternura.


Es compromiso/ que lo diga la patria / porque humilde y mestizo / sigue siendo raíz

El resultado es una obra que atraviesa directamente desde las entrañas de su creadora a quienes decidan escuchar con el alma. De sus propias dolencias a acariciar las de esos oídos mediante una voz suave, íntima y que se transforma en colectiva.

Lo que no logré en la ciudad se presenta como un disco, pero es mucho más que eso, es el duelo sobre lo que no fue y de esa promesa de que una ciudad puede resolver todos los problemas.

Lo que Pilar sí logra es no dejarse llevar puesta por la velocidad que atraviesa las vidas capitalinas. En sus canciones hay pausa y ese ser cantarín que vive en ella desde pequeña y mantiene intacta la esperanza de un mundo mejor.

Es un material fresco cuya escucha remite a la sensación de juntar limones del legendario limonero familiar del fondo de la casa de la abuela: nuevo y refrescante, pero con raíces firmes, ancladas en una historia de la que se alimentó y mamó los elementos que la hacen ser quien es hoy.


Podés escuchar Lo que no logré en la ciudad acá:



Su presentación oficial en vivo será el 14 de octubre en La Tangente



Entradas a la venta a través de La Tangente



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