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En nuestro propio fin del mundo: Marina Fages y el paseo de "ATALAYA AVALANCHA"

  • 30 abr
  • 4 min de lectura

Un viaje al interior de un séptimo disco que lejos de quedarse en lo sonoro, se convierte  en una caótica e imprescindible bitácora de viajes


Por Matías Palmieri - @matiipalmierii



Si por cuestiones sociales, económicas o políticas no se tiene la posibilidad de viajar por Argentina en este momento, escuchar el nuevo disco de Marina Fages puede ser lo más parecido a volar desde la patagonia hasta el litoral en tan solo treinta y seis minutos.

De las mismas raíces que el rock nacional y el folklore florece ATALAYA AVALANCHA, más afianzado a las costumbres sonoras patrias que nunca. 


Se abrochan los cinturones y el recorrido comienza con Gracias a vos. Una canción de mensaje sumamente esperanzador, aunque escoltado por una voz potente y bajos predominantes. Como un magma líquido y delicado rodeando de las rígidas cámaras magmáticas. En cuestiones de sonido remite a bandas como Eruca Sativa, sin dejar de lado su toque distintivo.

Siguiendo esta línea de referencias musicales, Los Auténticos Decadentes se asoman en el ritmo del pre-estribillo de Tan Adorable, un guiño que a la vez se mimetiza con un post-punk alternativo. Sin embargo, lo más llamativo de este segundo tema no son sus drásticos cambios de compás o estilo, sino su sinceridad:

No tengo miedo a morir, pero sí que mis amigas ya no me quieran como antes - Tan Adorable

La vulnerabilidad deja de ser obstáculo para convertirse en bandera en Mi Canción de Amor, donde expone lo desgastante de ser siempre el artista pero nunca la musa, de dar todo para recibir algo, de conformarse. Una reflexión a corazón abierto.


En el cielo las estrellas están muertas, lo sabemos -Tregua

En definitiva, el título del disco no es casual. Una atalaya es una torre donde todo se lo ve y analiza desde las alturas, un espacio donde pensar fríamente. No obstante, hay una sola cosa que puede turbar su paz: una avalancha. La metáfora es clara. Basta con un pequeño desborde de emociones para vulnerar la razón.

La portada que lo acompaña es la representación visual de estas ideas conviviendo en un mismo universo. La ternura del arcoíris; el fuego caótico y pasional; el magma resurgiendo de entre la lava; el rayo imponiéndose a la tormenta, la suavidad de las nubes y las estrellas conviviendo. Todos ellos, símbolos del alboroto y la conciliación, uniendo fuerzas para sobrevivir al desastre. 


El cuarto tema del álbum, nombrado en honor a dicha catástrofe natural, se distingue por su dureza e iconicidad. Pues, ¿cuán audaz hay que ser para atreverse a hacer hardcore patagónico? Es atrevido y autoconsciente, sin obviar las pizcas de ternura que lo caracterizan:

Mi refugio es con vos acá, en nuestro propio fin del mundo - Avalancha

La travesía continúa con Camino a la Luna, que pone sobre la mesa que lo realmente importante no es el destino ni la ruta, sino la compañía. A pesar del desastre que se aproxima hay que estar unidos, y si viene el huracán, que nos lleve a los dos. 


La parada para estirar las piernas se calcula a la altura de Constitución con los habilidosos rasgueos de charango en Élfica Conurbana, hasta arribar San Telmo: esta sexta pieza del disco está dedicada particularmente a la frustración de ser ignorado por la persona junto a la que tanto se ha vivido. Refleja la impotencia de no haber superado la situación por completo, sin tener intenciones de hacerlo por ahora: “si me ves cuando me ves saludame otra vez”.

No por nada uno de los pensadores más reconocidos de los últimos tiempos aseveró que lo contrario al amor no es el odio, sino la indiferencia. 


Tu corazón es un arma del tamaño de tu puño - Mi canción de amor

Dirigida particularmente a todas aquellas personas que intentan mostrarse fuertes y aun así no pueden contener las lágrimas, Soy una llorona se condecora como el himno de los sensibles. En lugar de simplemente angustiarse por lo que la rodea, elige cambiar junto a las cosas mismas. Sin embargo, es complejo no verse afectado por el contexto, admite.


En Equipo Putas surge la poesía de entre la sencillez: “pasame el mate que tengo hambre” permite entrever una realidad angustiante. Para comprender realmente su profundidad es necesario tomar en cuenta la afición de la cantautora por la gastronomía, muy presente en sus redes sociales personales. El que diga frases por el estilo inspira a ver cómo el contexto sociopolítico y económico del país afecta hasta en cuestiones tan personales e identitarias como aquellas. Que el mate deje de ser un elemento asociado a la sociabilización y jolgorio para convertirse en un método de supervivencia es alarmante e invita a la reflexión.


Justo antes de concluir con la travesía Tregua nos arrolla de nostalgia y asegura que todo estará bien muy pronto, como un abrazo de despedida. Junto a Gracias a vos, forman el ciclo perfecto, dando un comienzo y final destellantes de esperanza.


ATALAYA AVALANCHA habla por sí solo y, a pesar de las adversidades. mantiene la frente en alto. De alguna manera logra ser íntimo, pero a la vez popular: representa las vivencias individuales de sus oyentes, y al mismo tiempo, las que les competen como miembros de una comunidad. Es personal sin dejar de ser colectivo, y es esta dualidad lo que lo hace tan poderoso y único. 

La próxima vez que se desee recorrer nuestro querido país pero se haga imposible, no habrá lugar a desilusiones: simplemente es cuestión de dejar las valijas e ir a buscar los auriculares.


Podés escuchar ATALAYA AVALANCHA acá:




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