DORO: experimentar sin miedo
La artista reflexiona sobre el proceso detrás de su disco debut Antes De Irme, su búsqueda sonora y lo que se viene para su proyecto
Por Azul Martinez Flaiman - @azuntvg

Entre sonidos synth-pop, new wave y pop alternativo, DORO experimenta su vulnerabilidad y la combinación de sus influencias en su disco debut Antes De Irme que reúne recuerdos y su fascinación por la música de los 80s y 90s.
Además, gran parte del álbum nació lejos del estudio: entre aeropuertos, viajes y cafés, donde las ideas aparecían antes de encontrar su forma definitiva.
En entrevista exclusiva, la artista reflexiona sobre el proceso detrás de Antes De Irme, su búsqueda sonora y lo que se viene para su proyecto
Musyca Medio: ¿Qué se siente haber sacado tu disco debut y que ahora cualquier persona tenga acceso a esas canciones?
DORO: Es una sensación difícil de explicar. Hay algo de vulnerabilidad en compartir canciones que nacieron de experiencias personales, sobre todo cuando hablan de cosas que te marcaron en algún momento de tu vida. Durante el proceso de composición, cada una tenía un significado muy particular para mí, pero publicarlas también implica soltar un poco el control sobre lo que van a significar después. Ya no me corresponde decidirlo. Y quizás lo más lindo de haber publicado el disco sea justamente eso: dejar que esas canciones encuentren su propio lugar, mientras yo hago espacio para otras cosas.
MM: ¿Cómo lo definirías?
D: Siempre me costó un poco definir las cosas, especialmente cuando se trata de música. Creo que hay una distancia interesante entre lo que uno intenta expresar y lo que finalmente llega a quien escucha. Un disco puede tener una identidad sonora, ciertas influencias y una intención detrás, pero su significado no necesariamente termina ahí. Prefiero no condicionar esa experiencia con una definición propia. Después de todo, la música también existe más allá de las intenciones de quien la crea.
MM: Y las letras, ¿en qué se inspiran?
D: No hay una fuente de inspiración específica. A veces es una emoción, un recuerdo o alguna situación que se me queda dando vueltas en la cabeza. Depende mucho de lo que esté viviendo o sintiendo en ese momento. Creo que las canciones aparecen cuando todo eso empieza a acumularse y surge la necesidad de darle una forma, de encontrar una manera de traducirlo en palabras y música. Para mí, escribir tiene algo de terapéutico. Es una manera de procesar ciertas cosas.
MM: A pesar de haber nacido de momentos tristes, tus canciones no suenan así, ¿cómo trabajaste combinar tu búsqueda sonora con la temáticas que abordan las canciones?
D: En realidad, nunca fue una decisión demasiado consciente. No me senté a pensar que una letra melancólica necesitaba una melodía más alegre para generar un contraste. Es algo que surge naturalmente de mi personalidad y de mi manera de entender la música. No veo por qué algo que en su momento fue doloroso tendría que conservar necesariamente esa misma carga en su expresión musical. A través del ritmo, las melodías y los arreglos, me interesa darle otro carácter a esas experiencias, incluso cierta luminosidad, sin quitarles profundidad. Hay algo interesante en esa convivencia entre la melancolía y una sonoridad más enérgica. Para mí, no se trata de disfrazar la tristeza sino de no darle más peso del que ya tuvo.
MM: Muchas ideas surgieron en viajes y lugares antes de llegar al estudio, ¿qué crees que le aportó esa particularidad del proceso a la identidad de las canciones?
D: Creo que el entorno influye bastante en nuestra percepción, incluso de las cosas que llevamos con nosotros a todas partes. Hay emociones que forman parte de tu cotidianeidad, pero que no necesariamente encuentran la misma resonancia en cualquier lugar.
Al menos a mí se me agudiza cierta sensibilidad, como si algunos lugares activaran una especie de radar para sensaciones que en la rutina quizás pasan desapercibidas.
No eran emociones nuevas, sino algo que ya estaba ahí y que, por alguna razón, en esos lugares encontraba una forma de convertirse en música.
Solía grabar pequeñas melodías o ideas vocales en el celular, o escribir frases tal como me venían, sin preocuparme demasiado por su estructura en ese momento. Esa relación entre el espacio, la percepción y el primer impulso creativo terminó influyendo en la manera en que se fueron construyendo las canciones.
MM: Te inspira mucho la música de los 80s y 90s, ¿a quienes ubicás como tus referentes?
D: Muchísimo. ABBA fue la primera banda que escuché, cuando tenía apenas cuatro años, y hasta el día de hoy su música me sigue haciendo sentir lo mismo que entonces. Siempre me llamó la atención la ligereza que transmite al escucharla, en contraste con el increíble trabajo de contrapunto que hay en sus canciones.
Por supuesto, hay muchos otros referentes, como George Michael, Depeche Mode, Kate Bush y Pat Benatar, entre otros.
Cuando hago mi propia música, no busco reproducir sus sonidos, sino experimentar esa misma emoción que siento al escucharlos. De alguna manera, esa sensación es la que me sirve de guía a la hora de crear algo propio.
MM: ¿Qué se viene para el proyecto en lo que queda de 2026? ¿Y en 2027?
D: Veremos adónde me lleva el camino. Por lo pronto, junto a Jaz Oil tenemos previsto lanzar Molotov, un single en colaboración con Lula Bertoldi, escrito en memoria de las víctimas del femicidio de Barracas y como una forma de expresar nuestro apoyo.
En cuanto a 2027, todavía es pronto para saberlo. Después de todo, recién me fui y todavía tengo que descubrir adónde voy a llegar.


