top of page

Lu Glass: poesía pop

19 jun
9 min de lectura

La inspiración de la poesía y la cultura pop, el proceso artesanal detrás de su nuevo disco, la experiencia colectiva de sus videoclips y la búsqueda técnica para sus próximos shows de este 2026


Por Azul Martinez Flaiman - @azuntvg


Foto: @biansifredi
Foto: @biansifredi

Lu Glass no se considera poeta ni estrella pop, pero es el conjunto de ambos mundos lo que define su último disco En la ribera de la noche plutónica. Con influencias que van desde Edgar Allan Poe, Mina Loy y Fabián Casas hasta Los Simpson, Lu recopila y reescribe palabras como una verdadera artesana de la lírica. A lo largo de diez tracks, la artista recorre un universo que navega entre el dream-synth-pop brillante y el indie melancólico, con las dosis justas de psicodelia y paisajes sonoros etéreos que logran amigarse con el caos.


En esta entrevista exclusiva, Lu Glass nos sumerge en el proceso detrás de su nuevo álbum, analiza el impacto de la literatura en sus letras y la experiencia colectiva de sus videoclips y sus próximas presentaciones en vivo


Musyca Medio: ¿Cómo fue el proceso detrás de este nuevo disco?

Lu Glass: Fue con mucha calma. Cuando ya tenía planteadas más o menos las estructuras del álbum, me agarró la pandemia y eso retrasó un poco los planes. Además, en ese momento estaba haciendo una maestría y terminé el disco al mismo tiempo que tenía que meterme en el proceso de la tesis. Entonces me di cuenta de que si lo sacaba en ese momento, no me iba a poder dedicar a tocarlo.


Esa espera me llevó a un estado justamente plutónico, que está asociado a los ciclos de las estaciones: ese momento donde la semilla va creciendo debajo de la tierra sin mostrarse, como el otoño y el invierno, para recién salir de esa fase en la primavera. Mostrarlo ahora es hacerle justicia a todo ese trabajo y a la obra. Me encanta cómo quedó, lo amo y ya lo siento como algo cerrado. El hecho de que haya pasado tanto tiempo me permite tener distancia respecto a las emociones que le dieron lugar; esas composiciones son de un momento en el que yo ya no estoy. Ahora lo miro con mucho cariño, pero no estoy tan en carne viva. Eso está bueno, porque me permite hablar del disco y escucharlo sin menospreciarlo.


MM: ¿Y qué emociones o situaciones dirías que fueron las que te inspiraron?

LG: Cuando empecé en 2019 me puse un poco a bajar y reunir elementos en forma de canciones. Siempre voy trabajando como pequeños retazos, o títulos que voy armando y juntando hasta que se me arma un disco, aunque sea conceptualmente. Voy anotando en un cuaderno y, en general, cuando se me aparecen las ideas o las palabras, después no cambian tanto. Tengo mucha conexión con la certeza: si no tengo la certeza de que algo está bueno y es de determinada manera… lo dejo pasar. Me quedo con las cosas que realmente siento que van.

En ese momento había reunido un grupo de temas y dije: "esto es un disco". Todavía no tenía el nombre en ese momento, pero sí tenía casi todos los temas. Fue un momento relacionado con una ruptura amorosa y después con otra pareja nueva, que tampoco terminó bien. Quedó mucho tema de amor y de ruptura de amor, un tema para mí clásico del pop; el tema universal del pop. Están esos sentimientos y algunos otros: dolores de conflictos personales con gente, sentimientos más bien dolorosos. Así los trabajo en parte; más allá de que haga terapia, me resulta curativo hacer canciones con esos sentimientos tristes, me hace bien.


MM: ¿Y una vez que lo llevás ahí, qué pensás que pasa?

LG: Si tenía un conflicto y lo llevé ahí, logré ponerlo en palabras y música, cuando termino de hacer la canción, sonrío. Paso de estar llorando al goce de crear, de la creación a partir de ese dolor. Me logro entretener y hacer reír; hasta me sube la autoestima sentir que pude hacer algo bueno con una mierda.


MM: Claro, transformarlo, catalizarlo en algo

LG: Exacto. La función de transformación, para mí, está presente. Por eso tampoco es que me pongo tanto a componer. Son canciones de distintos duelos o dolores, a los que después yo les pongo un montón de data que voy leyendo y siento que se relacionan con eso, que están en la misma onda, o simplemente me gusta cómo suenan. Palabras que, por ejemplo, saco de leer el diario. O de repente, ahora me pasa con reels de Instagram. Esa inspiración surge de cualquier lado. Estoy siempre atenta a algo que me puede atacar. Yo siento que me ataca a mí.

Tengo cuadernos donde voy tomando notas y, por ahí, en un momento de dolor en el que me siento a componer, voy a esos cuadernos donde estuve guardando palabras y voy armando. Por eso es importante que tenga ese germen del sentimiento; es fundamental. Hay algo de la emoción que no puede no estar para mí: si no tiene emoción, no tiene sentido.


MM: Pensaba en ese sentido en el título...¿cómo llegó?

LG: Escuché a un pibe pronunciarlo, le pregunté qué era y me dijo que era una frase de Edgar Allan Poe que está en el capítulo de Los Simpson. Me hizo tac. Me pareció que era una frase perfecta, que resumía el espíritu de todo este conjunto de composiciones. Yo había leído a Poe, me encantaba como personaje, como un poeta medio loco, intenso; lo tenía presente, pero no sé si había leído El cuervo, el poema de donde sale la frase. Ahí lo leí y vi el fragmento de Los Simpson también. Me pareció increíble eso, la conexión de él y la cultura pop.

El poema habla del mito de los infiernos: la ribera de la noche plutónica es el inframundo. Es un debate que recorre hace miles de años la cultura y la literatura, y simboliza un poco este descenso; que para mí es como el descenso a los infiernos de la mente: esta cosa del duelo, el dolor, el sufrimiento, la tristeza, la melancolía.


MM: Y en la línea de esto, ¿cómo dirías que atravesó el disco la poesía?

LG: Mirá, la verdad es que leo poca poesía, pero la que me impacta me impacta mucho y vuelvo a esos poemas.


MM: Poca, pero fuerte.

LG: Claro, no estoy leyendo poesía todo el día ni todos los días; no se podría decir eso. Pero creo que hay algo de lo poético que es productor de poesía: al leerla, si estás sintonizado, producís a partir de ella. Por ejemplo, es el caso de Mina Loy: yo leí su poema y me salió la letra del tema así, completa. De hecho, la primera línea es una cita de un poema de ella. Siento que lo descargué a mi letra, lo bajé del éter en el que circulaba su poesía.


Hay un poema también de Fabián Casas que me impactó mucho, Preparación, que habla de la figura de las uñas rosas; relata que la angustia es como una persona que tiene uñas rosas largas. Es un poema existencial en el cual la angustia se burla del clonazepam, como diciéndole: "vos no servís para nada, resolvés el problema transitoriamente, pero en realidad la angustia, que es existencial, no la va a resolver una caja".


Después está la historia de la "primavera fúnebre" de los poetas de La Plata. Es una generación de poetas que se suicidaron muy jóvenes, entre los cuales estaba Francisco López Merino, que era un poeta al que los 107 Faunos le hicieron dos canciones. Con ellos hicimos uno de los temas del disco y, a raíz de su música, me puse a leer y descubrí esta historia que me pareció increíble; de ahí surge el nombre de la canción.


En conclusión, no soy lectora y tampoco soy escritora de poesía. En todo caso, la poesía que hago son las letras de las canciones, que las armo de un modo muy artesanal, muy Rasti.


MM: ¿Por qué lo definirías de esa manera?

LG: Porque siento que hago las canciones a través de sintetizar cosas que leo: las parafraseo y las transformo en otra cosa. Como que leo algo, me quedo pensando y después, al tener muy mala memoria literal, termino reescribiendo en mi mente todo lo que leo; en eso, hago cosas nuevas a raíz de mi mala memoria.

Y te digo lo de Rasti porque siento que estas palabras que voy guardando a veces las meto como una pieza. Es un proceso de escritura y de pulido de la letra hasta que se puede cantar bien, fluido. Yo no puedo decir tantas sílabas; siento que me tiene que cerrar justo el cómo tengo que pronunciar la línea. No pienso: "es más importante lo que yo quiero decir y lo digo a toda costa porque hay un modo de cantar que es así". Para mí es importante la musicalidad de las sílabas.


MM: En cuanto a lo audiovisual, ¿cómo se trabajó para llegar a esas piezas que son los videoclips?

LG: El video de El fin del verano nació de forma muy autogestiva: básicamente usé la plata que me pagaron por tocar para financiar la filmación con unos amigos. Es el registro de un festival curado por Daniel Melero, que también tocaba, en la Galería Larreta.

El espacio estaba copado, con artistas tocando en distintos pisos al mismo tiempo, lo que generaba un flujo artístico increíble que se ponía en movimiento por los diferentes rincones de la galería. El videoclip captura justamente eso, por lo que tiene un formato mucho más cercano al documental de esa noche.



En cambio, los otros dos son videos más ficcionales. El de IVB surgió a partir de material que acumulé durante diez años registrando cosas con mi celular y una cámara en distintos medios de transporte. El germen inicial fue en enero de 2013, durante una gira por Alemania con una banda de en la que tocaba: Betty Confetti. Al final del viaje, me tocó volver sola en un tren desde Ámsterdam hacia Berlín; era un trayecto largo, de ocho horas, completamente blanco, y quedé fascinada grabando el paisaje. Después de eso seguí filmando de forma caótica: cruces de la cordillera en Chile, tomas desde una aerosilla y paisajes invernales.

Años más tarde, saturada del encierro mientras escribía mi tesis, apliqué a Tribu de Trueno, una residencia de artistas en Bariloche que buscaba proyectos inspirados en su entorno.

Fui por una semana y, con el acompañamiento de una tutora audiovisual, ordenamos ese archivo. Justo al día siguiente de escribir el guion, se largó una nevada histórica en medio del bosque que nos permitió filmar mis escenas. Terminamos de editar y proyectamos el corte final en la galería de la residencia el séptimo día; para mí fue un oasis y unas vacaciones súper productivas dentro de la intensidad de la tesis.



Por último, el video de Mina Loy lo trabajé con Pilar Condomí, una realizadora audiovisual del mundo de la moda que me encanta. La idea original partió de un ritmo de la canción: yo me imaginaba a una persona haciendo un baile callejero acá en el Barrio Chino, que es donde vivo. Sin embargo, Pilar sugirió trasladar esa estética hacia un espacio cerrado e incorporar a su amiga Carola Besoso, que baila increíble. Tiempo después, presentamos el videoclip en el FestiClip durante el BAFICI; quedó seleccionado y pudimos verlo en pantalla gigante en el Parque Centenario.

Fue hermoso ver el recorrido y las distintas trayectorias que tuvieron estos videos.



MM: Sí, muy colaborativo también, como que tiene todo un rol muy colectivo, ¿no?

LG: Totalmente. Siempre que hago videos puedo tener una idea, pero después el ojo del que filma y del que edita lo es todo. Lo audiovisual es un trabajo muy colectivo. A diferencia de lo musical, que no lo es tanto porque vos podés estar sola en tu casa y después, junto a un productor, ser apenas dos personas haciendo un disco, en lo audiovisual eso es imposible.

La verdad es que tuve mucha suerte de tener amigos y amigas que se coparon y que lo hicieron muy por amor al arte, pero con tremendos resultados. Así que es increíble.


MM: Y ahora, ¿cómo te venís preparando para lo que queda del 2026? ¿Vas a girar, vas a hacer algún show en Buenos Aires?

LG: Ahora estoy preparando el show. Mi meta es hacer una fecha de presentación del disco y lo estoy laburando desde el año pasado. No es tan rápido; de vuelta, es todo un proceso. Presentarte en vivo te obliga a ensayar para el vivo, a pensar la puesta. Me voy a internar un poquito con la productora, que es también mi compañera de banda en este momento, a ver si avanzamos como para hacer la presentación en la segunda mitad del año. Esa es la idea. Y girar sí, siempre me gusta salir a tocar por ahí. Tengo que tener un poco más avanzado el tema técnico que me permita viajar, pero sí. Queda ver cómo va a ser ese show para, a partir de eso, llevarlo a otros lados. Siempre estoy buscando hacer cosas nuevas, como lo hice antes. Experimentar.



bottom of page