La cara de los jóvenes del país: Trueno y su homenaje al hip-hop pasaron por Rosario
- 7 dic 2025
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Actualizado: 7 dic 2025
En la previa a su show en Ferro y en pleno ascenso global, Trueno compartió con los rosarinos un encuentro donde cientos de jóvenes encontraron voz, identidad y refugio
Crónica: Azul Martinez Flaiman - @azuntvg
Fotos: Sofía Bulgarelli - @sofiabulgarelli.ph

Trueno atraviesa un momento clave en su carrera. Después de lanzar "El Último Baile" y "El Último Baile (Deluxe)" como homenaje al hip-hop y de una seguidilla de fechas agotadas en Latinoamérica y Europa, llegó a Rosario y convirtió a la ciudad en la antesala de su show en el Estadio Ferro, este 11 de diciembre.
El Anfiteatro Municipal se encendió desde temprano con la presencia de KMI 420 ---que luego se sumaría al show principal--- y Brapis, uno de los mayores referentes del hip-hop rosarino.
Con cada escalón del lugar colmado de adolescentes, padres y jóvenes adultos, no sorprende por qué Mateo Palacios Corazzina ya es una insignia de superación, esfuerzo y lucha por los sueños para sus fans. Su propio recorrido desde las plazas hasta los escenarios más grandes del país es la prueba viviente de eso. Esa noche, muchos sueños estaban tomando forma, en la expectativa de verlo en escena para catalizar angustias acumuladas y transformarlas en momentos inolvidables de felicidad extrema.
El escenario estaba cargado de instrumentos —batería, guitarra, bajo, teclados y congas— que aguardaban a los músicos para acompañar el recorrido de más de treinta canciones. Trueno interpretó varias desde una plataforma luminosa que enaltecía su figura, como si hiciera falta remarcar aún más su fuerte presencia.
Entre luces y gritos, el cantante salió al escenario con un conjunto de pantalón negro y una campera con capucha que mantuvo durante la mitad del show a pesar de la sensación térmica elevada.
Así, el camino inició junto a Peligro y KMI 420 con un medley de "GRANDMASTER", "BZRP Freestyle Sessions, Vol. 6" y "FUCK EL POLICE" que desató la euforia en todo el lugar.
"Y pa' los dinosaurio' que avalan a los milico' / Esta vuelta me la cobro por los treinta mil y pico", cantó junto a cientos de jóvenes que no pasaban los dieciocho. Su fuerza justiciera bajó de las letras y se expandió por todo el predio, donde cada mano se levantó con el dedo medio en alto.
"RAIN III" y "FEEL ME??" fueron cantadas en soledad, casi como un momento de intimidad entre el artista y el público, que coreó cada letra como un mantra.
Pero la calma duró poco y se inauguró un momento de baile con "FRESH", "REAL GANGSTA LOVE" y "CRUZ".
"BIEN O MAL" abrió un momento dedicado a su disco titulado de la misma manera, y continuó con "TIERRA ZANTA", su homenaje a sus orígenes latinoamericanos.
"Latinoamérica no llora, canta / Tengo la sonrisa celeste y blanca/ Si subo la mirada, la luna se levanta", se gritaba entre baile y lágrimas de emoción.
Trueno habilita en sus recitales un campo de lucha desde el arte: un grito de justicia, de libertad, de orgullo por lo propio y de derecho a ser feliz sin importar el barrio donde hayas nacido. Por eso se convierte en una trinchera para los adolescentes, un lugar donde sus batallas internas son escuchadas, sus deseos encuentran voz y el género que lo abrazó desde niño ahora abraza a miles de sus fanáticos alrededor del mundo.
"PANAMÁ" junto a KMI 420 fue el pasaje hacia lo que todos estaban esperando: el bloque dedicado a "El Último Baile (Deluxe)" que contó con canciones como "344", "LAURYN" y "EN LA CITY".
“TRANKY FUNKY”, “THE ROOF IS ON FIRE” y “OHH BABY” protagonizaron una tríada perfecta que explotó en el público.
Volviendo a sus orígenes y homenajeando a la ciudad donde se presentaba, el cantante tomó el escenario en soledad para armar una base con “La vida es una moneda” de Juan Carlos Baglietto, y luego tirarle freestyle encima, como en los viejos tiempos.
Los gritos se fundieron con el aire y cada palabra fue celebrada, aún más cuando nombró a Fito Páez, al Monumento Nacional a la Bandera y al propio Baglietto.
Un guiño a su pasado, combinado con su presente y con su habilidad para expresarse a través de la improvisación, mientras a la vez mimaba a su público.
Con un artista tan eléctrico, los momentos de calma no duran mucho, así que volvió al ataque con "NO CAP", una versión electrónica de "Mamichula" y "CUANDO EL BAJO SUENA", que hicieron rebotar el lugar.
“Sangría”, “Atrevido” y “VIOLENTO” llevaron los saltos aún más arriba mientras una definición de pogo se transmitía por las pantallas. Tres canciones cargadas de guiños a luchas sociales, que despertaban la rabia, pero también la alegría de seguir a un artista que pone su letra y su música al servicio de esas temáticas.
Las luces se atenuaron y el pedido desde "una más y no jodemos más" se hizo presente como en todo recital. "DANCE CRIP" cumplió ese deseo, a puro baile.
Fue en esa última canción donde se entendió por qué se define como “la cara de los jóvenes del país”. Trueno es un artista consciente de su realidad y de la de otros: planta banderas, se mantiene fiel a sí mismo, trabaja codo a codo con su padre, luchó desde niño para llegar a donde está hoy y enfrentó problemas contractuales sin perder el rumbo.
Pero, sobre todo, es un joven de 23 años en una industria donde se premia hablar de autos caros y lujos, mientras él elige recordar lo que realmente importa:
"Y ahora todos quieren fama, quieren lana / TR1, techo y cama, y unos beso' de la mama".
"Gracias Rosario. Gracias a los guachines y guachinas, gracias a sus papás también. Esto es hip-hop, esto es familia", dijo al despedirse y dejó en claro que uno de sus mayores orgullos es que su público esté conformado por menores de edad. Adolescentes que encuentran en el hip-hop un mensaje que los interpela, que los atraviesa y que les da energía para sostenerse en una realidad que los golpea día a día.


