Enamorado enroscado y entregado: Un Muerto Más despidió al verano bajo la lluvia en CC Konex
- 23 mar
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El artista transformó el patio del Konex en un show-obra donde la poesía se hizo cuerpo. Con un despliegue en constante diálogo con la música, la puesta traspasó lo musical para apropiarse del escenario a fondo y sin concesiones
Crónica: Azul Martinez Flaiman - @azuntvg
Fotos: Sofía Bulgarelli - @sofiabulgarelli.ph

Un escenario en el patio del Konex. Luces e instrumentos dispuestos sobre él. Músicos en posición. Público eufórico abajo.
Un ritual que empieza cuando el cantante sube la escalera que lo lleva a escena y es recibido con gritos y aplausos.
Todo eso sucede en muchos shows, pero en este de Un Muerto Más, a esas tablas también sale un artista completo: performer, poeta y actor. A los saltos y con alegría, entona las primeras estrofas mientras asoma la lluvia. El sello mágico de una noche que ya se sentía especial, pero ahora se confirma bajo las gotas.
Dos actores en el escenario se besan mientras se canta "quereme". Otra actriz aparece y llama al artista por teléfono fijo desde una punta de la escena: es el inicio de la verdadera función.
Este show-obra lleva lentamente al personaje de amante ideal a infiel al ritmo de "Puente"; de infiel a sufriente con el corazón roto (de nuevo) con "las flores mueren en abril"; de estar lastimado a intentar sanar en un set acústico con canciones como "La Isla del Sol".
Una mesa, muchas copas, floreros con rosas. Un muerto más de amor que recita sus malestares y pretende arreglar su corazón roto con un truco de magia fallido que hace volar vidrios y destruye más de lo que enmienda. En grupo, los músicos-amigos cantan para intentar emparchar un corazón partido en mil pedazos.
Y de ahí a su propia muerte musicalizada por "ay amor".
Entonces las canciones de su primer disco "Verano en Invierno" y del segundo "DE AMOR" salen del papel y de las partituras para encarnarse en personajes, sentires y reacciones. Entonces la poesía devenida en música traspasa lo musical y se hace sentir en cada cuerpo que se emociona, sufre, alienta, canta y se sorprende por cada escena de esta puesta.
Un escenario que no solo es recorrido sino que es apropiado y utilizado como debe: a fondo y sin concesiones con un despliegue de elementos que respira, vive, muta y se mueve en función de lo que la canción debe transmitir. Un muerto vivo que resiste el dolor, que intenta seguir adelante pero no puede del todo; que busca en la furia y en el acústico un refugio, pero que igual siempre termina enamorado, enroscado y entregado en algún cuento equivocado de amor.
La lluvia que no cesa, el público que no deja de gritar bajo ella. La resiliencia indiscutible de un personaje que lo sigue intentando canción a canción porque al final siempre quiso lo que todos queremos y expresa en "Amor de verano": un amor de verano que dure todo el año.
Y en ese camino ecléctico de subidas y bajadas, bailes y llantos, entiende ese mensaje que proyectaban las pantallas mientras reposaba en un ataúd: el que no arriesga no ama.


