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Bajo un cielo argentino: Los Piojos comenzaron a despedirse en su segunda noche en Parque de La Ciudad

  • 27 may 2025
  • 7 Min. de lectura

La banda inició su último trayecto transformando un domingo feriado en una noche inolvidable con canciones inesperadas y emociones a flor de piel


Crónica: Azul Martinez Flaiman - @azuntvg

Fotos: Sofía Bulgarelli - @sofiabulgarelli.ph


Como ayer, como hoy

El 13 de abril, tras quince años de ausencia, Los Piojos regresaron al Quilmes Rock.

Finalizando su presentación anunciaron lo inminente: su último show en Buenos Aires.

El “verdadero último ritual” tendría lugar en Parque de la Ciudad el 24 de mayo de 2025.

La expectativa fue total, piojosos de todo el país agotaron rápidamente las entradas, con la ilusión a flor de piel. Incluso se sumó una segunda fecha, coincidiendo con el Día de la Patria.

Pero menos de un mes después, el 7 de mayo, llegó el anuncio que dividió opiniones: Los Piojos despedirán su regreso con dos fechas más, el 12 y 13 de junio en River Plate, tal como en 2009. Como ayer, como hoy.

La alegría por más rituales se mezcló con el sabor amargo de algunos que creyeron tener en sus manos las entradas para la gloriosa despedida. Incluso Andrés Ciro Martinez se expresó al respecto en su presentación en Córdoba: “Nos vemos en Parque de la Ciudad… ¡y los que puedan, en River!”.


A mí me gusta mi país

En ese contexto, con un público a la expectativa de vivir dos noches a lo grande en una especie de compensación, Los Piojos se entregaron por completo para regalarle a su gente dos noches inolvidables.

Con la probabilidad de lluvia y la niebla azotando el cielo, el público comenzó a llegar al predio horas antes de la segunda noche en Parque de la Ciudad.

Después de la típica previa —con fernets, mate, escarapelas, banderas y remeras de todos los colores decorando el paisaje— comenzaron los ingresos, no sin algunos incidentes en torno a las banderas, uno de los símbolos del rock barrial desde sus comienzos.

Así, entre los vestigios de un viejo parque de diversiones, los fanáticos fueron colmando el lugar, devolviéndole la vida con la alegría de un país que, en pleno Día de la Patria, se reencontraba con las canciones que siempre supieron representarlo a la perfección.


Fuego ritual

La noche era una postal nublada entre metales viejos y nuevas ilusiones, con la característica torre como estructura protagonista, que aparecía y desaparecía entre la niebla, alertando a los presentes.

Cerca de las 21:30, el gran piojo infinito metálico que colgaba sobre el escenario se encendió en azul, junto con las luces que iluminaban la torre, marcando el inicio.

Llegadas las 22, las luces se apagaron por completo y en las pantallas laterales apareció una imagen que imitaba la gran estructura con un piojo en su punta y una campana, tocada por los típicos hombrecitos, que daba comienzo al ritual.


La banda ingresó al escenario en completa oscuridad. “Unbekannt” rompió el silencio expectante con sus fuertes guitarras y un Ciro que no dudó en demostrar su calidad de showman desde el minuto cero.

La canción no llegó a alcanzar su final. Su último acorde fue enganchado directamente con “Desde lejos no se ve”, un clásico que hizo saltar a cada uno de los presentes.

Esta, a su vez, desembocó sin pausa en “Ruleta”, que provocó una mezcla intensa de saltos y lágrimas.


Tras este trío infalible, un estallido de aplausos y vitoreos llenó el lugar.

Buenas noches, Buenos Aires. Somos Los Piojos”, anunció el cantante con alegría.


Nada más elemental que seguir clavando amor

Las banderas flameaban a lo largo y a lo ancho del predio, acompañando cada canción.

Difícil” y “Media caña” aparecieron para calmar los saltos, sin dejar de emocionar los corazones. “Langostas”, que contó con invitados en gaitas, cerró el momento con una dedicatoria especial: “para todos los chicos y chicas masacrados todos los días”.


Fantasma” llegó para cambiar el rumbo de la noche. Los saltos regresaron y se mantuvieron para acompañar a “Pistolas”, uno de los momentos más emotivos, donde grandes y chicos se abrazaban y disfrutaban, tanto arriba como abajo del escenario.

Una vez más, este hit fue interpretado junto a Alejandro Ciro Martínez en voz y armónica, Caetano Buira en batería y Danilo Fernández en guitarra. Los hijos adolescentes de Ciro, Dani y Piti tomaban el lugar de sus padres por un rato.


Terminada la actuación junto a “Los pistolas”, Piti Fernández se situó en el centro del escenario para dar comienzo a su gran momento de la noche. Invitó a otro de sus hijos, Antonio, y a Rodrigo Pérez, integrante de Ciro y Los Persas, a sumarse al show.

“Entrando en tu ciudad” fue interpretada por Piti junto a las guitarras de Rodrigo y Antonio, con dedicatorias al público y agradecimientos. “Esta es para ustedes, muchas gracias”, dijo en medio de la canción.


Mezcla de sonrisa gris, llanto feliz y dolor

Las luces bajaron. El tecladista Juan Cucchiarelli tocó con sentimiento la melodía de "Ruleta". En las pantallas, un video emotivo empezó a recorrer el camino de la banda desde sus comienzos para finalizar con un grafiti que reza: “Si no existe la memoria, todo lo nuestro es suicida”. La emoción brotaba de ese campo encendido y esas plateas estalladas.


La banda volvió al escenario para darle vida a “Vals inicial”, directamente desde "Azul", su cuarto disco de estudio. Lo hizo acompañada por un ensamble de cuerdas dirigido por Juan “Pollo” Raffo, que acentuó su dramatismo absoluto.

Así se empezaba a preparar la atmósfera perfecta para el homenaje infaltable: el recuerdo siempre presente de Gustavo “Tavo” Kupinski. Su hermano Mateo fue invitado al escenario para sumarse en “Sudestada”, una versión especial en la que cada integrante tomó el micrófono para cantar un fragmento en forma de ofrenda.


Era mi deseo y nuestra desolación

Llévatelo” subió la energía, que explotó por completo con el baile de “Ay ay ay”, una vieja costumbre piojosa que reafirma la conexión con su gente. La llegada de “Manise” desató la locura: uno de los favoritos del público, que no sonaba desde la despedida en 2009.

Las luces se apagaron, pero la euforia seguía flotando en el aire. En ese mismo instante entró la línea de bajo tan reconocida de “Tan solo”, desde las cuerdas de Luli Bass y en conjunto con la armónica de Ciro, para encender aún más la noche. El campo se movía como una fuerte ola de alegría. Desnuda, toda rebalsada. “Mañana no labura nadie”, dijo el cantante a mitad de la canción.

Es que Los Piojos supieron transformar una jornada de domingo feriado, nublada y fría, en una noche de comunión, recuerdos y emoción.


Shup shup” y “Es solo Rock and Roll” —cover de The Rolling Stones— sacaron a relucir los mejores pasos de baile de cada rincón del predio, y preparaban el terreno para la joya que vendría después. “Olvidate” culminó este tridente de pasos de baile y alegría compartida.


Todo el mundo saltando contento porque allá afuera te espera el país

Las luces se apagan por completo. Es el primer “chau” de Andrés Ciro en la noche, pero nadie cree que sea el último. Se toman su tiempo para volver. Uno a uno, con las particulares batas verdes, regresan a escena para “Como Alí”. Abajo, cuando se pensaba que no se podía ser más feliz, aparece “Merecido”, una de las figuritas difíciles de "Verde Paisaje del Infierno".


Bajo un cielo argentino / estoy re loco / es mi destino”, cantan al unísono más de setenta mil personas un 25 de mayo, con banderas argentinas flameando aquí y allá.

Maradó” continuó el ritual de forma natural, con su introducción recitada casi por completo por el público y distintas imágenes de Diego Armando Maradona que aparecían en banderas, remeras y pantallas al ritmo del homenaje.

Muevelo” comenzaba a marcar el final, con su clásica versión extendida para presentar a cada miembro de la banda, y la presencia de “los bailarines”: fanáticos de todas las edades que el cantante elige para subir al escenario y compartir un momento único.

Morella” y “Bicho de ciudad” se sienten y se viven como el final. El final de uno de los últimos rituales de la vuelta de Los Piojos. No es posible quedarse ni quieto ni callado.

Sin embargo, la armónica de “Motumbo” y la introducción de “Genius” arrasan con el silencio y la desesperanza, anunciando que aún puede haber ritual por delante.


Creo que hoy tenemos suerte

Último tema de la noche”, dijo Ciro, iniciando su juego que ya se estaba haciendo esperar. Tras una batalla de “sí” y “no” —que en el medio incluyó un saludo por el Día de la Patria y un fragmento de Juana Azurduy en conmemoración a la fecha—, “El Farolito” hizo estallar la noche.

Al finalizar, como una advertencia, se escucha en voz de Ciro: “Preparate, negro, eh”.

El pasaje entre canción y canción se alarga, el final se empieza a sentir.

Sin embargo, la banda está completamente comprometida en que esta noche sea especial e inolvidable. “El Balneario de los Doctores Crotos” y “Cruel” son las últimas canciones en sonar. La gente, emocionada y cansada a la vez, saca fuerzas de donde ya no tiene para gozar hasta el último minuto.


Déjame que llegue ahí

Los aplausos y gritos rebotaban en Parque de La Ciudad. Y en medio del estruendo, Ciro se dirigió directamente al público: “Los que puedan, bueno, nos veremos en River. Y si no, gracias por habernos acompañado y haber sido parte de estos quince shows del regreso, del reencuentro. No pasarán quince años ni nada parecido para un próximo… reencuentro. Quédense tranquilos”, dijo Andrés Ciro entre pausas necesarias para aguantar el llanto.

Se acercó a Piti buscando un abrazo contenedor y, tras esa inyección de amor, dijo con la voz quebrada: “Gracias por la magia”.


Calles voy a cruzar/en silencio nena escucho hay un lugar/déjame que llegue ahí/nada más vacía tu vaso antes del fin

Las estrofas de “Finale” se repetían en loop mientras se intercalaban con la enunciación de ciudades: “Villa Luro. Córdoba. Pergamino.” en las voces de Ciro y Piti. El ritual llegaba a su fin con las banderas en lo alto y el reconocimiento de la banda a los kilómetros recorridos por su público de todo el país. El resto de los miembros se acercó a las pasarelas para estar cerca de la gente, saludar y regalar listas, púas y baquetas.


Muchos comenzaban a irse, pero aún faltaba el detalle patriótico de Ciro al finalizar cada presentación. En completa soledad —hombre y armónica— interpretó el Himno Nacional, erizando la piel de todos los presentes y recordando el amor y la ofrenda a su patria.

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