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Un exorcismo de amor: El Plan de La Mariposa develó su misión en Movistar Arena

16 jun
3 min de lectura

Con un show cargado de pogo, lágrimas y abrazos, la banda demostró qué es lo que une a tantas almas de edades y sentires diferentes en un mismo grito


Crónica: Azul Martinez Flaiman - @azuntvg

Fotos: Sofía Bulgarelli - @sofiabulgarelli.ph


La fe del recorrido

El aleteo de una mariposa movió las olas de la playa necochense y puso en el ADN de una familia a la música como espacio de descarga, unión y conexión.

Así, desde la primera infancia de los hermanos Andersen, se fundaba el germen del plan.


La respuesta a la duda recurrente —¿De qué se trata esa misión planificada del insecto alado? —se develó en el arena de Villa Crespo una noche que los atardeceres cálidos de la costa atlántica quedaron lejos ante el frío helado de Buenos Aires y el único calor que se sintió fue el de la música.


Entre un mar de gente en cada sector, personajes de su universo visual paseaban por el predio sumergiendo a los presentes en la ceremonia. Niños les pedían fotos, amigos agitaban sus banderas y otros observaban con alegría. La fiesta ya había comenzado incluso con las luces prendidas, con una gran diversidad de personas unidas por la vibración de vivir, que a veces se siente más pesada que otras.


Confiar o morir

Con su familia y amigos disfrazados de pescadores posicionados en una estructura que rodeaba el escenario, la banda dio comienzo al ritual con El Ángel del 152, Mar Argentino, Romance con el desapego y Gigante, que arrancaron los primeros pogos y lágrimas de la noche.


Alas abiertas, garganta caliente, la multitud coreaba cada tema sin importar de qué año o temática fuera. La descarga colectiva de La Vida Cura se combinaba con los saltos de Azúcar Negra, en una demostración de cariño pero también de identificación innegable ante las letras catalizadoras del grupo.


Al visualizar remeras recortadas, sweaters tejidos, vasos de fernet y carteles dibujados con crayón fundidos en el mismo grito, surge entonces otra pregunta: ¿Qué une a todas esas personas de edades, pensamientos y sentires diferentes en un mismo lugar un sábado por la noche?

La respuesta es simple y compleja a la vez. El hilo que conecta a tantas almas con recorridos diferentes es, por como entonan las frases y se entrelazan entre sollozos, la certeza de que sanar la miseria, que la vida cure, limpiarse, ir a buscar afuera lo que necesitan sentir adentro es posible. El saber que en esos pogos, abrazos, sonrisas y lágrimas lo van a encontrar.


Trinchera en el fin del mundo

Hay también espacio para la resistencia, la memoria y la calma en estos shows, paradas obligatorias para bajar un cambio y escuchar.


Con Si me matan de Silvana Estrada como introducción, Camila cantó Tesoro Escondido mientras giraba y su vestuario la hacía eterea.


Para continuar, todos los músicos se reunieron en semicírculo para un set acústico con Llega llega llega, Esquina de la sombra y Fuego de febrero.


Un abrazo a la eternidad

El momento más emotivo de la noche estuvo protagonizado por su homenaje al Indio Solari.

Con una única luz blanca, Sebastián compartió una anécdota íntima y personal:

"En 2013, cuando falleció nuestra vieja, una amiga de ella nos compartió un ritual que constaba de cantar todos juntos canciones pensando en la persona que se fue para ayudarla a pasar de plano. Hoy les proponemos hacer lo mismo con Incandescente para el Indio"

Con fotos del cantante en las pantallas y vítores por todo el lugar, la canción se sentía compuesta para la situación.


Me dejás el alma como remojada

Ojos empañados, Sebastián, Camila y Valentín agradecieron a su equipo y a su comunidad por formar parte de este exorcismo de amor. En paralelo, banderas flameaban en el campo y algunos carteles se levantaban en las plateas: "Gracias por salvarme", rezaba uno escrito con lapiceras con brillitos en brazos de alguien que no superaba los 12 años.

Se materializaba una de sus frases en cada uno de los presentes, incluso arriba del escenario:

Todo esto que tenemos es un regalo, así que, bueno No quedará más que transitarlo como podamos todo a pleno

En los besos en Túnel de la vida, los aplausos en Es por ahí y las sonrisas compartidas en El Riesgo se palpaba cómo la mochila de cada uno se alivianaba. Y ahí estaba. Para eso es que había volado la mariposa y sentenciado a esos cinco hermanos a cruzarse con amigos, colegas y un público que convertirían en parte de su familia. Para formar un colectivo que iría, de a poquito y canción a canción, disco a disco, show a show, uniéndose por algo inevitable y transparente, vulnerable a este mundo herido. La fuerza de creer que es por ahí.

Juntos, para descargar todo tipo de emociones a cada minuto.

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