Todo va a estar bien: Bestia Bebé volvió a ser el soundtrack de la amistad y el aguante en Niceto Club
- 23 jun 2025
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Dos meses después del recital en el CC Konex que fue grabado y lanzado bajo el nombre “Siempre escucho las mismas canciones (En vivo)”, la banda liderada por Tom Quintans abrazó a su público a sala llena
Crónica: Sofía Dalponte - @sofismad
Fotos: Estefania Flores - @f_tefi

El puntapié inicial lo dio Máze, la banda del ambiente under influenciada en parte por Bestia Bebé y que, aunque telonera, dio muestras de tener un público propio que cantó todas las canciones. Como un partido de la reserva que veían los hinchas que llegaban antes del partido de primera y conocían los nombres de las futuras generaciones de su equipo, alentando en cada jugada.
Las expectativas para Bestia Bebé eran claras: fútbol y agite. “Dale que juega Boca”, se escuchó del lado del público después de que sonara el infaltable “It’s a Heartache” de Bonnie Tyler y los hinchas lo transformara en el argentino “Jugadores/la concha de su madre/a ver si ponen huevos/que no juegan con nadie”.
La respuesta fue arrolladora: comenzaron tocando “Omar” y “Antártida Argentina” seguidos, con sus introducciones tan identitarias de su rock barrial. Fuerte y al medio. El público acompañó coreando y agradeciendo en forma de silbidos, aplausos, brazos, piernas y cabezas. Todo el cuerpo.
Suena “El verano” y todos cantan en comunión “mil problemas/mil errores/siempre escucho las mismas canciones”.
Al final del tema apareció en escena el personaje retratado en la tapa del disco “Vamos a destruir” (2023). Cubierto de negro hasta la cabeza y una máscara terrorífica. Se movía por todo el escenario, amagando con asustar y buscando complicidad con cada integrante principal: dos guitarras, un bajo y una batería. Simples, con potencia ramonera.
El personaje se acercaba al público, se sacaba la capucha e iba recorriendo cada centímetro del escenario. El resultado fue la esencia misma de la banda y la que los mantiene unidos después de tanto tiempo: la diversión. Una complicidad innegable entre ellos se vió reflejada en las 24 canciones que tocaron a lo largo de la noche.
Lo que pasó durante las casi dos horas siguientes fue la construcción de una comunión entre público y banda, en búsqueda de un refugio que no fue ajeno a la actualidad. Hubo cantos contra el presidente Javier Milei después de “Patrullas del Terror”. También se hizo presente el canto “a pesar de las bombas/de los fusilamientos/los compañeros muertos/los desaparecidos, no nos han vencido” como conexión directa con la letra de “Rondador Nocturno”, con especial hincapié en los brazos de los oyentes en “...y no me rendí/no es tan fácil destruirme a mí/pero solo se va a complicar/no me abandones”. Tampoco faltaron las remeras con inscripciones como “Juicio y castigo” o “Justicia por Pablo Grillo”, el fotógrafo que sufrió el impacto de un cartucho de gas lacrimógeno por parte de la Gendarmería cuando retrataba la marcha de los jubilados de todos los miércoles en la Plaza del Congreso.
Si bien Bestia Bebé no suele ser una banda que se posicione de forma directa en cuanto a lo político, o por lo menos no asiduamente, con su rock indie que prefiere el ritmo poguero marcado por el baterista Polaco Ocorso, sus letras y un público argentino, futbolero y con memoria, las asociaciones fueron inevitables.
Tanto como la resignificación de “El descontrol” que ya es propia de la banda y del público.
Así, la noche se maradonizó. Remeras con la cara de Diego Armando Maradona en un lado, videos suyos entrenando y gambeteando proyectados en la pantalla, la bandera que está en todos los recitales y dice “Vamo’ la Bestia, con huevo vaya al frente” (tapa del sencillo “Lo quiero mucho a ese muchacho (En vivo)”) y con la cara de Maradona al costado, el guitarrista Marki Canosa con la camiseta del Nápoli.
El descontrol, “el malo de esa película”, el ídolo. “Esta es la canción más triste que escribí”, canta Tom. El tema se hizo antes de la muerte del Diez pero tranquilamente podría haber sido compuesta después. Una mistificación que no tiene explicación, como todo lo referido a su figura.
La amistad fue también homenajeada no solo en las canciones tocadas sino cuando llegó el momento de presentar a la invitada de la noche: Nina Suárez. Se unió con la electricidad de su guitarra para acompañar la acústica de Tom en “Música de Suspenso”. Quizás el momento donde hubo mayoría de celulares levantados.
La sensibilidad encontró su punto máximo en “Lo Quiero Mucho a Ese Muchacho” porque fue gritar “Después de lo que te pasó/sé que es muy difícil seguir/No importa/¡Todo va a estar bien!”. Es mantenerse optimista ante situaciones personales o colectivas que pueden ser adversas, aunque sea en modo irónico como cuando la banda tocó “El Rock And Roll Pasó de Moda”.
Las canciones del tiempo de descuento llevaron al clímax final y fueron “Fiesta en el Barrio”, “Wagen del Pueblo” y “El Uruguayo”, aclamada por el público que, sabía, no podía faltar en esta reunión donde el el pogo no pasa de moda y lo viejo funciona. “Vamos a Destruir” condensó toda la sensibilidad y unión que se da en cada recital de Bestia Bebé.
Un tema del más acá, con las guitarras siempre presentes, melodía y letras simples que calan hondo y prenden una mecha de optimismo en el abrazo con un otro. Como en el inicio, el encuentro también se cerró con una canción que no es propia pero que describe el sentimiento entre la banda y su público: sonó “La Vida Tómbola” de Manu Chao mientras se cerraba el telón.
Las miradas y sonrisas del público con el plantel de Bestia Bebé se dieron durante todo el recital, como tirando paredes. Desde los cantos de cancha que ya son costumbre como “Vamos, Bestia vamos, ponga huevo que ganamos”, pasando por los cantos a capella por parte del público en canciones como “Luchador de Boedo” hasta los alientos a cada integrante: “Vamo’ Chicho!”, que devolvía los alientos con puños apretados.
“A esta banda le gusta tocar y tocar” decía Tom en una entrevista con TN La Viola, previa a este show. Y se hizo notar. En cada intervención entre canción y canción, en comentarios sarcásticos, entendiendo que le está cantando a fans que los sienten como unos amigos más. Esa cercanía, esa autenticidad, esa creencia en lo que perdura a la que refería Chicho, el bajista, en otra entrevista, ese calor de los cuerpos saltando al unísono en un tema poguero o bailando al compás de Quintans y su guitarra criolla hacen que la pregunta “¿Cómo se mantiene una banda independiente a lo largo del tiempo?” se responda sola.


