Superestrellas del barrio: La Grecia, reybruja y Posguerra se presentaron en Sonido Konex
Con el Konex como escenario, el rock emergente nacional reescribió un nuevo capítulo de su historia con tres pilares fundamentales: comunidad, desfachatez y juventud
Crónica: Azul Martinez Flaiman - @azuntvg
Fotos: Sofía Bulgarelli - @sofiabulgarelli.ph

Este asunto del rocanrol, ahora y para siempre en manos de las nuevas generaciones, está a salvo. No tanto por las guitarras al frente ni las estéticas características, sino por el sentido de pertenencia. La comunidad que se formó alrededor de las bandas emergentes de rock nacional es lo que más destaca en shows como este.
Entre canciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota coreadas, flequillos cortados sin cargo a manos de Klem Haus, remeras negras, cervezas y cigarrillos girando, empezaba una nueva noche de Sonido Konex, esta vez protagonizada por tres proyectos que están pisando fuerte entre los jóvenes: Posguerra, reybruja y La Grecia.
Posguerra dio inicio a la velada con canciones de Todos Extraños, su último material, que fue recibido por el público con la calidez de quien se escucha a sí mismo en esas composiciones. Así se calentaban los motores de un movimiento que solo iba a subir de tono con los shows que seguían.
Acto seguido, reybruja pisó el escenario como un rayo que llegaba a demolerlo todo, con su medida justa de desfachatez, dulzura y camaradería con invitados especiales, entre los que estuvieron Dante Citara y Catalina Banega (ambos de Ryan) y el mismísimo Toro Vallejos de Posguerra.
Desdibujando los límites artista-público, Enzo, su frontman, se entregaba a la multitud habilitando una cercanía que permitía entender el fenómeno y la incógnita: ¿por qué hay una juventud que está volviendo a acercarse al rock nacional?
Quizás porque no buscan idols sino a sus superestrellas del barrio.
El cierre estuvo a cargo de La Grecia, donde el fuego se encendió no solo por las guitarras y los bailes de Chino Benítez, sino por los guiños a bandas como The Rolling Stones y Guasones, reformulados a su manera. Hay en estas propuestas una fuerza que es nostálgica pero fresca al mismo tiempo.
Lo especial es que los grupos estén integrados por personas que no triplican en edad a su público y en que esta pasión no sea una herencia. Son descubrimientos de esta generación: los encontraron tocando en los antros o topándose con fragmentos de sus canciones en reels de Instagram. Así, son parte de una historia que están escribiendo: con trapos pintados por primera vez y canciones que hablan de la vida cotidiana.
Ellos mismos recomendaron la banda de boca en boca y lograron que hoy puedan tocar en lugares cada vez más grandes. Es una juventud que encontró su propio reflejo y sus dolores en los saltos y en las letras que le cantan a su ciudad, a sus calles y a sus realidades —argentinas, sí—pero con TikTok, Mileísmo e Inteligencia Artificial.
Luna llena de Chacarita Llegaba la cultura de la cancelación Nuestros amigos empezaban a drogarse más Y no llegarían a vivir para verlo
(te advertí que no me dejaras pisar) las flores - reybruja
Aunque se lea mucho que esta reivindicación del rock nacional ya se ha hecho antes, nunca se hizo con estos protagonistas. Se trata de un momento donde los egresados en pandemia pintan una bandera con el logo de una banda nueva para flamearla sobre sus hombros, y ahí radica toda la belleza de la nueva camada del público rockero. Está aprendiendo a sacar combis para viajar a recitales, a levantarse del pogo y a hacer crecer un proyecto musical desde el amor y el agite. Y qué bueno que hayan encontrado su lugar.
Aprendí más en la calle de lo que me enseñaron en la escuela En La Grecia encontré mi lugar, mi rancho de oveja negra


