Nunca lo van a entender: Blair despidió "BAR SCORPIOS" en Deseo
La artista brindó un show performático tocando por última vez su segundo disco completo ante una comunidad de fieles y fundando una nueva religión
Por Azul Martinez Flaiman - @azuntvg

La conceptualidad de BAR SCORPIOS, el segundo disco de Blair, se apoderó de Deseo, esta vez sin más sobre el escenario que los músicos y Julieta Ordorica, la cantante, performer y rockstar por excelencia de la escena emergente argentina. Una joven de 25 años que arrasa con cuanto escenario pisa al pararse frente a miles de personas y hacerlas cantar sobre un padre colgado del techo o una bañera llena de sangre. Bastan su presencia y su interpretación para hipnotizar a quien esté enfrente, dejando en el aire la sensación de que en sus canciones radica lo etéreo.
Es que Julieta siempre tuvo un objetivo, un sueño tan grande dentro de su corazón que nunca paró de llamarla a seguir sus instintos. En este proyecto el objetivo final no es solo sonar bien, sino de crear mundos nuevos, inspirados y atravesados por el suyo y por otros, pero con la frescura necesaria para irrumpir y marcar la diferencia.
Mundos donde su visión es clave y cada elemento que se incorpora sea un actor en esta gran obra de teatro que es su universo, que a esta altura trasciende lo musical. Eso es lo que también generó el gran recibimiento del público: si nada es casualidad y todo tiene un sentido de ser, hasta cada voz coreando "Olé olé olé Bla-ir Bla-ir" antes de salir a cantar forma parte de la escena.
Musicalizado por el soundtrack de su serie favorita, Twin Peaks, y la gran musa de su última obra conceptual, el lugar recibió al público teñido de luces rojas y una mirada acechante desde el escenario: una proyección de los reconocibles ojos de la cantante asomándose detrás de una tela de encaje que parecían vigilar la sala.
Cuando la cuadra y media de chicas y chicos terminó de ingresar, las luces se encendieron estridentes y el telón bordó se dejó ver a la perfección. Con ese fondo aterciopelado se avistó por primera vez a un ángel. De peluca rubia y con el instrumento más dulce —un omnichord—entre sus manos, Blair dio comienzo a la despedida con una interpretación de RABIA DEL CORAZÓN rodeada de su banda.
Máquina del tiempo mediante, aparecieron Rothmans, Opuesto Complementario y Yo & Yo, tres joyas de Llorando en la fiesta (2022), su disco debut que funcionó como la muestra irrefutable de su talento al alcanzar a tantas almas a pesar de haber sido trabajado durante solo una semana. Si hay algo que la artista tuvo siempre claro es que este era su camino. Y las voces que coreaban esas composiciones que nacieron en la intimidad de su hogar y el estudio de Dante Saulino lo reafirmaban. A la altura de la cuarta canción, TODO LO QUE TENGO, su voz empezó a escucharse a un volumen menor y poco tenía que ver con su capacidad vocal o los equipos de Deseo. Era el impacto de aquella aparición en la gente empezando a suceder. Canciones de su puño y letra, salidas de sus cuadernos y cadáveres exquisitos, eran ahora coreadas por miles de personas con la pasión que ella persiguió al escribirlas. Con esa rabia del corazón.
Pasando de recorrer el escenario iluminado a sentarse frente al teclado, una única lengua de luz blanca la iluminaba transformándola en parte del rayo. Convertida en destello, interpretó las versiones más desgarradoras y delicadas de DEJAR DE SER YO y MI SUERTE.
Pero, como se sabe, la calma solo puede anteceder al huracán. Con su nueva guitarra en forma de corazón bordó colgada al cuello, revivió NOVIOS IMAGINARIOS, su single pesado lanzado entre su primer disco y el segundo. Un guiño a sus más profundos fieles que cantaron y saltaron emocionados, fue la antesala perfecta para INTENTÉ SALVAR A DIOS, que abrió las primeras rondas de la noche, recordando que el pulso del rock bombea el corazón del proyecto, formando parte de la identidad itrínsica de Blair casi a la misma altura que lo conceptual y lo lírico.
En esa misma línea, PECADOS BRUTOS, el interludio relatado por Mariana Enriquez, inundó el lugar tomando todo el protagonismo y permitiendo a la cantante su cambio de vestuario de la noche: de un vestido con capas y capas de tela blanca de encaje y peluca rubia que la hacía la muñequita de porcelana inofensiva perfecta, Blair pasó a un vestido rojo que dejaba al descubierto sus medias con portaligas y su pelo real—negro con flequillo cortito y recto, justo como se retrata a las mujeres poderosas en el cine—.
Entre Caníbales, el hit de Soda Stereo que interpretó para su propia Spotify Session en julio, fue la primera en instalar el cambio en el personaje. De la inocencia y la devoción al enojo y la incredulidad, el camino—que empezaba a delinearse—fue trazado por CARNE VIVA y PADRE MUERTO.
Con OTRA NOCHE EN LOS 70, BAR SCORPIOS y HOMBRE ROTO la sangre, los cuchillos, los lamentos y las culpas empezaron a hacer el drama palpable en la atmósfera.
Si bien desde el inicio el show no se limitó a solo tocar las canciones en vivo sino al nivel máximo de la interpretación del universo concebido, MAÑANA HABLARÁN DE MÍ protagonizó el punto más fuerte de esa manera de pensar, planear y brindar un show en vivo. Dante Saulino esgrimía su guitarra como si cada sonido que emitía fuera un rayo que demolía a Blair poco a poco, pero efectivamente. Las lágrimas recorrieron las mejillas de la cantautora que levantaba sus manos para secar su cara e intentar protegerse del dolor que parecía atravesarla y crecer dentro de ella al correr el segundero. Cayó de rodillas y, sin soportarlo, terminó derrotada en el suelo.
La canción es el punto del disco donde el oyente comprende que el personaje que conocía ya no está. Se fue y solo queda de sí la melodía que dio inicio a la escucha de la obra, pero sin letra. En el show, los versos fueron coreados por todo el público mientras la cantante permanecía en su lecho acurrucada. Con esa arenga, revivió para ponerle voz a SOLA. Pero la premisa de la letra ya había sido refutada.
Este alto nivel de dramatismo solo podía remontarse con la más poderosa y desafiante de sus canciones: NUNCA LO VAN A ENTENDER, que desató un fenómeno, una ronda de pogo del tamaño del campo, con toda la gente alrededor esperando para que explote. Chicas agarradas de la mano, estirando una bandera con un dibujo de la artista pintado a mano, atando los cordones de sus borcegos, agarrando sus largas y cortas polleras para ser parte de un pogo diferente. Uno donde ellas eran las protagonistas principales para cantar una canción que se volvió himno por reflejar un sentimiento que, de verdad y al igual que en el fútbol, no se puede explicar sin estar involucrado.
Como ella misma escribió sobre su personaje ficticio, muchos terminarán su paso por este mundo viendo su cara por todas partes sin terminar de comprender por qué está destinada a atravesar generaciones. El impulso que catapultó su carrera en este corto lapso de tiempo lo demuestra y no es casualidad: es perseverancia, visión artística y el esfuerzo de crear una comunidad de fieles que haga ver sus shows como un rito.
Con esos tres componentes no solo logró cautivar a más oyentes a lo largo de los años sino a varios de sus colegas del mundo artístico, ganándose su respeto. Algo impensado para la joven Julieta que hacía covers de Taylor Swift en su habitación; una realidad para esa parte de ella que jamás dejó de creer en su sueño ni de trabajar por él.
Blair fundó, queriendo o sin querer, una nueva religión que remite menos a hombres todopoderosos y más a mujeres de polleras cuadrillé entrelazando sus dedos. Una manera de hablar en la que sí se puede encontrar magia.


