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Vulnerabilidad distorsionada: Odd Mami, Sunlid y Rosamonte abrieron sus corazones en una nueva edición de Sonido Konex

  • 16 may
  • 2 min de lectura

Entre la crudeza y la intimidad, los tres proyectos se unieron para ser refugio, catarsis y descargo


Crónica: Azul Martinez Flaiman - @azuntvg

Fotos: Sofía Bulgarelli - @sofiabulgarelli.ph

Atravesando el patio helado, pasando las mesas de ping pong y los metegoles: un refugio. Contra el frío, el ruido de la ciudad y la indiferencia de la gente.

Adentro, luces tenues en colores vibrantes. Varias columnas, un escenario y personas esperando contra la valla que empiece el descargo.

Ideas, sentimientos y pensamientos de diario íntimo que encontraron forma, camino, acorde y se transformaron en canción. Y después en himno.

Un vómito que inició individual y a través de la música se volvió colectivo.


Rosamonte tomó el escenario con la potencia que los caracteriza, a dos voces intercalaban visceralidad con dulzura. Sonando fuerte pero no más que el impacto de su disco Debajo de Mi armadura interpretado en vivo.

Con Ultravioleta dedicada al padre de Damián, el cantante, la apertura fue llevada al máximo. Con una versión cargada de angustia y bronca, las lagrimas cayeron por todas las mejillas y el aire no entraba fácil a los pulmones. Aunque faltaban canciones para finalizar el set, ya estaba todo dicho. Al finalizar, la banda se unió en un abrazo que se sintió tan íntimo como si hubieran estado en una sala de ensayo teniendo un mal día. Pero esta vez, acompañados por el aliento del público.


Entre banda y banda, unos pocos minutos musicalizados por Inerme que hacía bailar a todos.


Sunlid entró a escena en completa oscuridad, con una cuenta atrás que iluminaba todo el lugar y arrancaba los más fuertes alaridos de la gente. Cuando llegó a cero, la calma que reina en no mires atrás se catalizó entre imágenes de nubes en urgencia. Con saltos, gente volando por los aires, gritos y aplausos.

Brllaron caminar en la luna, alejarte, solo un momento y una versión sublime de Nunca Quise de Intoxicados.


Odd Mami, por su parte, incluía este show dentro de sus celebraciones de cumpleaños. No faltó el recibimiento con el feliz cumpleaños cantado con cariño mientras una luz rosa la bañaba. Pasadas algunas canciones, Helenita decidió convertir su show en una atmósfera única de intimidad, solicitando que no haya prácticamente luces que le apunten y dejándose iluminar por las visuales que ella misma había armado: cisnes, flores, castillos, ipods. Su universo estético se reflejaba en su espalda mientras sonaban inocencia interrumpida, yo así y general paz de donde van los perros, su último disco.


Así, se vivió una nueva noche de Sonido Konex. Esta vez, a corazón y garganta abiertos, con las guitarras distorsionadas y las baterías fuertes como compañeras. Tres proyectos únicos dejaron al descubierto su costado más crudo traducido a lo musical para una gran catarsis de vulnerabilidad distorsionada.


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