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Voy a salir de mi cuerpo: Fresita Veneno, Rey Sohl y Nenagenix se presentaron en Distrito Siete

  • 26 ago 2025
  • 4 min de lectura

Las bandas se reunieron para celebrar una nueva edición de Niños del D7 en un incendio necesario para desbordarse en vivo


Crónica: Luciano Trono - @lucianothrone

Fotos: Constanza Gonzalez - @constanza.gonzalez



El viernes 23 de agosto marcó una de las fechas claves del año para la música emergente de Rosario. Se celebró en Distrito Siete la sexta edición de Niños del D7, uno de los ciclos de la productora rosarina Niños del ‘00 que se encuentra en actividad desde 2023.


Además de ser un espacio de convocatoria y visibilización para los proyectos locales, Niños del ‘00 camina a paso firme para convertirse en uno de los escenarios predilectos que reciben al talento nacional en alza. En esta ocasión la productora logró traer a la explosiva Nenagenix en su segunda visita a Rosario para seguir despidiendo “Lo Más Cercano a Caer”, su disco lanzado en 2023.


La noche comenzó con la presentación de Fresita Veneno, banda local compuesta por Paya en voces, Cata en sintetizador-voz, Naza en bajo-voz, y Zadu en batería. Si “telonear” fuera más que una frase, no sería un problema para las chicas de Fresita dominar con sus manos y su sonido toda la letalidad de aquél terciopelo rojo.

Su repertorio se compone exclusivamente de material propio, y empezaron el show con “Skate”, para seguirlo con canciones como “Lloremos juntas” y su single de estudio, “Siempre está”.


Mientras empiezan a tocar su emblemática “Poema”, los contornos de aquella neblina sonora son establecidos por un envolvente sintetizador. El bajo espaciado y el compás siniestro de la batería son artífices de un suspenso oscuro que se apodera de la sala.


En estos momentos de tensión alzante, se vuelve evidente por qué la decisión de no incorporar guitarras actúa como una de las mayores virtudes de su propuesta: su ausencia no hace más que espesar la densidad de ese sonido atmosférico y sofocante que no se disipa. Culmina con la voz de Paya, que irrumpe como un aguijón atravesando la oscuridad para punzar esa burbuja de sonidos acumulados y liberar, en un acto volcánico, aquél maná emocional de locura, hartazgo y distorsión que las identifica.


Paya recorre el escenario cual looming figure con un andar mortífero. Vestida de pantalones negros, camisa blanca y sus lentes insignia, introduce la noción de una femme fatale conjugada con lo que pareciera ser un fever dream de David Lynch: la sensualidad lacerada en Blue Velvet y la pesadilla en loop de Mulholland Drive. La batería de Zadu hace que el sonido avance imparable. Las coordenadas del amor y la inocencia se subvierten al son del delirio y a merced de una cordura disuelta. Se han soltado los estribos de un poder desatado, otrora tierno, ahora letal. Dulce pero vengativo.


Continuó la cartelera el conjunto de rock-pop Rey Sohl, que salieron al escenario vistiendo unos originales raincoats y una performance centelleante cuya energía nos recuerda a lo mejor del rock inglés más histriónico. Explotando al máximo su evidente talento musical, recorrieron su material mientras pasaron carta por todos los géneros que son capaces de emular en un mismo acto.


Casi en forma de alarde, la alternancia fugaz de los sonidos que repasan sus canciones es testimonio de la actitud lúdica y goofy que adquieren arriba del escenario: melodías cumbieras se entrelazan con canciones infantiles que desembocan en cantos a doble tiempo y estallidos punk. Letras que conversan con el público al estilo de El Kuelgue y El Cuarteto de Nos.


Le vamos buscando la vuelta, para seguir encontrándole la magia” dice Juan Carosillo, vocalista principal. Una frase que sintetiza su convicción explorativa de retrabajar sonidos para innovar en cada show, sumando bailes y millas aéreas con los saltos de Zucar (bajo), que parecía moverse poseído por el espíritu de Angus Young.


Europibes”, su jingle-like “Dance RIP” y una reversión de “Pelotuda” signaron los momentos altos del recital. La euforia eventualmente se hizo pogo y Lara Spector (teclado y sinte) bajó del escenario para abrazar a su público y saltar con “Bici”. Con un álbum a sus espaldas y varios singles lanzados, Rey Sohl tiene entre manos el estreno de un nuevo disco para octubre de este año.


Acercándonos a la medianoche y con un D7 hasta las manos, el público particularmente joven se agolpaba contra el escenario esperando a que salga el acto principal.

Nuevas generaciones que visten en su cuerpo el revival del emo y la estética grunge, del cual Nenagenix es parte y vehículo. Un largo instrumental de sonido desértico y lejano hizo calentar los motores mientras terminaban los últimos ajustes técnicos: todo debía estar calibrado para soportar el impacto que vendría.


La extendida intro derivó en su identificable “Pulso” para abrir el espectáculo. Victoria de Biasio aporta un bajo melódico que no se limita a marcar los ritmos sino también a dibujarlos, subiendo progresivamente hasta picos de release emocional protagonizados por Martina Sampietro en un canto acongojado muy propio del emo. Su voz gana espacialidad a medida que ingresa en los estribillos acompañada por la elevación sonora de los instrumentos, los cuales concentran su energía hacia el centro en canciones que viajan a las entrañas de lo afectivo. Un clímax al que se llega entre la precipitación y la progresión.


Material Pornográfico” marcó un interludio lento y sentido donde el riff desaceleró para prolongar el abrazo suave de algunos en el público. Martina encantó con su voz distante de romántica resignada, conjurando la meditación circular de una idea que regresa sobre sí misma, stuck on a feeling. Esto le valió el aplauso amoroso de su público y un ramo de flores que voló hasta el escenario.


La segunda mitad del recital estuvo tomada por un maelstrom de gente que saltó al ritmo de “Igual” y “Asfixia”. Terminaron su presentación con los golpes secos y la distorsión de “Asking 4 it”, perfecta para dejar al público electrizado, arañando el escenario en busca del setlist y alguna púa que Victoria repartió. Nenagenix culmina su segunda aparición en Rosario con tanta adoración como la primera vez.

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