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Siempre seguí la misma dirección: Andrés Calamaro brindó un show a la vera del Río Paraná en Rosario

  • 24 nov 2025
  • 3 min de lectura

Entre ovaciones, versiones particulares y una conexión profunda con la gente, El Salmón dejó en evidencia su capacidad para atravesar épocas y mantenerse como un ícono indiscutido del rock nacional y latino


Crónica: Azul Martinez Flaiman - @azuntvg

Fotos: Sofía Bulgarelli - @sofiabulgarelli.ph



Tras la reprogramación del recital por las condiciones climáticas, y con una propuesta única, Andrés Calamaro finalmente se presentó en La Playa de la Música, en Rosario, el viernes 21 de noviembre, con su “Agenda 2025 Tour”, una gira que lo llevó por escenarios de Europa y Latinoamérica y que culminará con presentaciones en el Movistar Arena y en el Hipódromo de La Plata.


Con el viento soplando cada vez más fuerte, y el público ingresando al predio disfrutando el placer de tener el río a dos pasos, la previa tuvo a un DJ que calentaba motores con clásicos del rock nacional e internacional.


Padres junto a sus hijos esperaban el momento único donde se brindaría una de las herencias más valiosas: el rock nacional que marcó su propia adolescencia.

Las canciones que hasta ese día vivían en anécdotas, radios y videoclips cobraban vida frente a ellos, encarnadas en una figura que atravesó generaciones con una vasta discografía llena de clásicos.


Cerca de las 21, con la luna ya sobre las cabezas, El Salmón tomó el escenario junto a su banda, conformada por Germán Wiedemer, Julián Kanevsky, Mariano Domínguez, Andrés Litwin, Brian Figueroa, Andrés Ollari y Pablo Fortuna.

Después de saludar al público y agradecerles por compartir esa noche, Calamaro dio inicio al show con una elección fuerte y al medio: “Crímenes perfectos”, “Cuando no estás” y “Loco”, coreadas por todo el predio.


El clima siguió calentándose con “Te quiero igual”, “Carnaval de Brasil” y “Rehenes”.


Con “Para no olvidar” y “A los ojos”, de Los Rodríguez, se lucieron pasos de baile antes de avanzar hacia “Cuando te conocí” y “Me arde”, que terminaron de encender la noche, impulsadas por una voz que ha sido protagonista en la vida de todos los argentinos, acompañándolos incluso cuando no eran del todo conscientes de ello.


En una de las tantas pausas del cantante para dialogar con su público y agradecerles, declaró: “Todo mi amor para Rosario”, y fue ovacionado con tal fuerza que se sacó el sombrero —su típica gorra negra— ante la gente.

También aprovechó para enviar un saludo a la familia y amigos de Claudio Ponieman tras su fallecimiento y lo declaró "la estrella de rock desconocida de Argentina".


Directamente de "El Salmón" (2000) apareció “Output-Input”, seguido por “Los aviones” de "Honestidad Brutal " (1999) y “Nacimos para correr” de "Bohemio" (2013), en un recorrido por sus discos que sorprendió por la particularidad de sus versiones.


En entrevista con Diario La Capital, el músico explicó el por qué de estas nuevas interpretaciones: "No pensamos en las versiones de los discos ni los escuchamos, confío en el carácter 'próximo' de la música e interpretar en el escenario. Creo que el público no viene a recrearse con el pasado y compartimos episodios de música en tiempo real. Tocamos las canciones como si recién las estuviéramos descubriendo".

Y agregó: "La nostalgia no es lo mío en tanto no suelo revivir el pasado con melancolía. Llevo en esto cuarenta años y no puedo repetir dos veces una misma melodía idéntica."


El último tramo llegó con “Donde manda marinero”, “Tuyo siempre” y “Mi enfermedad”, un tridente que desató gritos eufóricos y baile extendido por todo el campo.


El final se asomaba cuando sonaron “El salmón”, “Alta suciedad” y “Sin documentos” de Los Rodríguez, donde la energía inigualable de la banda se contagió hacia el público en una sinergia perfecta.


El cierre estuvo a cargo de partes iguales de emoción y canto desaforado con: “Estadio Azteca”, “Paloma”, “Flaca” y “Los chicos”, que dejaron la atmósfera cargada de alegría incluso después del último acorde.


Andrés ya es un ícono indiscutido del rock nacional y latino, pero una vez más dejó en evidencia su capacidad única para condensar en cada letra y melodía sentimientos tan específicos como universales, que se clavaron al ángulo de cada corazón y le permitieron trascender a través de su obra: el mayor premio que un artista puede recibir.


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