Se necesita siempre una ilusión: Rosario fue testigo del esperado regreso de Los Piojos
- 28 abr 2025
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Un regreso que no se trata solo de la música, sino que refleja una vez más su capacidad para atravesar generaciones
Crónica: Azul Martinez Flaiman - @azuntvg
Fotos: Sofía Bulgarelli - @sofiabulgarelli.ph

Nos vamos para Rosario
El ritual piojoso ---como la mayoría de los recitales--- empezaba muchas horas antes del horario definido en las entradas para la cita en el Hipódromo de Rosario, que se encontraban agotadas hace semanas.
Desde temprano en la mañana del sábado 26 de abril, partían colectivos de empresas privadas, combis organizadas y autos particulares rumbo a la cuna de la bandera, para vivir uno de los últimos encuentros tras el regreso y la inminente despedida de la mítica banda en diciembre de 2024.
Murga que cruza la ciudad
Alrededor de las 12 del mediodía, empezaban a llegar las caravanas al Monumento Nacional a la Bandera. La cuenta oficial de la banda en Instagram anunciaba: "Les dejamos unas púas por acá", con un video del lugar tomado desde un dron.
Entre mates, fernets, perritos y banderas de colores flameando, comenzaba la búsqueda. Las primeras púas aparecían en manos de niños, adolescentes y cuarentones.
Los Piojos atraviesan generaciones, gracias a su capacidad y atrevimiento para retratar las vivencias argentinas, lo que les ha permitido perdurar a lo largo de los años.
La expedición continuaba, con colectivos y autos que no paraban de llegar y estacionar en la zona.
Amigos se encontraban, se abrazaban, se sacaban fotos. Gente desconocida compartía las pistas que la banda había compartido en redes sociales, se ayudaban y hasta se invitaban a almorzar.
El ritual ya había empezado desde la ruta y esta era sólo una escena más de su inicio.
La zona del Monumento se colmaba de piojosos. Y así los campings y las zonas aledañas al show. Cada sector se inundaba de banderas con nombres de ciudades, piojos y colores diferentes.
Las horas pasaban y los grupos acercaban cada vez más al Parque Independencia, repleto de remeras, banderas, gorros y comidas a la venta en puestos que musicalizaban la tarde al ritmo de Los Piojos.
Ya pasadas las 17, las puertas finalmente se abrieron y algunos ingresaban para tener acceso al vallado.
Muchos otros seguían la fiesta afuera bailando, tomando y cantando las pocas horas que los separaban de la vuelta de la banda a la ciudad tras 16 años.
Al llegar las 20, el Hipódromo ya contaba con más de la mitad de su capacidad ocupada y, aunque el viento soplaba fuerte, la temperatura no paraba de aumentar.
El rosarino Chino Zurcher fue el responsable de abrir la noche con su propuesta acústica que, al igual que la banda principal, intenta ponerle palabras a la realidad local.
El público aplaudía y respetaba su propuesta a la espera emocionada de la banda de El Palomar.
"Vamos Los Piojos", coreaba el Hipódromo al unísono en cada silencio que se producía.
Y digo: Fuera dolor
"Llevátelo" fue la responsable de abrir la noche y explotó en cada corazón que la cantó a los gritos. "Y digo: Fuera de aquí/Fuera, dolor/No quiero tenerte/Llevátelo"
El recital comienza oficialmente a descagar las tensiones de cada uno después de cantar esta canción.
"María y José" y "Desde Lejos No Se Ve" fueron la continuación de una noche colmada de emociones. Viajes en el tiempo directo a los '90, niños que vivían las canciones con el mismo sentimiento de sus padres, adolescentes y veinteañeros que no pueden negar el impacto de esas canciones que escucharon siempre en la radio con las palabras justas para retratar una realidad que parece repetirse cada unos años.
"Bicho de ciudad" y "Difícil" irrumpen en el pogo imparable para respirar y darle espacio a la nostalgia de otras maneras pero sin perder la emoción.
Las banderas flameaban al ritmo de dos de la canciones más emotivas de la noche, mientras muchos se subían a los hombros de sus amigos para cantar junto a la banda.
Soy el Unbekannt, nadie sabe de mí
Desde su regreso en diciembre del año pasado, la banda se esfuerza en brindar un show diferente para cada ritual, cambiando órden de las canciones y dándole lugar a algunas que llevan años sin sonar en vivo y se mantienen como la ilusión de los piojosos más fieles. "Unbekannt" cumple esa función en esta noche de sábado. Aparece para sorpresa de muchos -otros la habían escuchado en la prueba de sonido un día antes- y se disfruta de principio a fin.
"Luz de márfil" y "Vine hasta aquí" sumergieron al público en una mezcla de emoción, nostalgia y saltos expandidos desde el centro hacia todas las direcciones del predio.
Los muchachos y las nenas a la carga otra vez
Otra costumbre en este regreso se trata de compartirlo con la familia. Tanto abajo como arriba del escenario. Miles de padres llevan a sus hijos, que oscilan entre los 2 y los 35 años.
La banda, por su lado, genera un momento emotivo que consta de "Verano del '92" en compañía de sus hijos y sobrinos en la percusión, dirigidos por el baterista Dani Buira.
En esta ocasión, sin embargo, prepararon un momento más especial. Brindando un momento inolvidable, Alejandro Ciro Martínez, Caetano Buira y Danilo Fernández, los hijos adolescentes de Ciro, Dani y Pity agarran el volante de la noche y la dirigen a la perfección haciendo enloquecer a todos los presentes con su versión de "Pistolas".
Te vas sin zapatillas pero no te vas solo
Andrés Ciro Martínez se despide del escenario, dejando una atmósfera cargada de emoción. Es el turno de Pity, que toma el espacio central para interpretar "Entrando en tu ciudad". "Esta canción la escribí viniendo a esta hermosa ciudad, se los quería compartir", comenta antes de interpretarla.
Las luces se apagan, Juan Cucchiarelli se convierte en el protagonista. Con su sólo de teclado, las primeras notas de "Ruleta" comienzan a sonar, inmediatamente reconocibles por todos los presentes. En las pantallas, un video emotivo empieza a recorrer el camino de la banda desde sus comienzos.
Los recuerdos empiezan a aflorar en los presentes. "Yo estuve ahí", "Eso creo que es River", "¿Te acordás de ese día?", se escucha en susurros.
Tus colores renuevan la suerte
La banda entera vuelve al escenario acompañados de una ovación general. Otro folklore de la vuelta está por comenzar, en forma de un homenaje sentido tanto arriba como abajo del escenario.
"Sudestada" es de las pocas canciones con asistencia perfecta desde el primer Estadio Único.
Cada vez, la canción oficia de ofrenda a Gustavo "Tavo" Kupinski ---el guitarrista de la banda que falleció en 2011--- y su hermano es invitado para interpretarla.
Además, cada integrante se acerca al micrófono y recita un fragmento de la letra, entregándose por completo a recordar a su compañero de banda.
"Te diría", enganchada con "Qué decís" y "Taxi Boy" funcionan como una combinación explosiva que renueva la energía de un público que se deja atravesar por esta experiencia única e irrepetible desde el principio.
Nada nos detiene, ninguna ciudad
"Ay Ay Ay", inserta una bocanada de nostalgia en el aire, como un viaje en el tiempo que teletransporta a todos a la primera vez que las manos se alzaron para aplaudir y moverlas a ambos lados en sincronía con el líder de la banda. Esta vieja costumbre piojosa, que sigue vigente aún en 2025, brinda la oportunidad a los nuevos piojosos de sentirse parte de la historia.
"Cancheros" expande la energía del momento, remontando al primer disco de la banda, con su impronta rebelde que marcaba el inicio de todo.
Los locos cantan su canción y aplauden
"Esta es para los que ya no están, pero están", anunció Ciro, visiblemente conmovido. Fue la segunda vez que "Muy despacito" sonó en los nuevos rituales. Desde su comienzo, el desgarrador relato arrancó lágrimas a todos los presentes que acompañaban con sus voces entrecortadas y sus aplausos al cantante.
Señores mayores de cuarenta se tocaban el pecho y se permitían, quizá por tercera vez en la vida, llorar a moco tendido.
No te sorprenda volverme a ver
"Tan solo" y "Es sólo Rock & Roll"---cover de The Rolling Stones--- equilibraban la energía y habilitan rondas en todos los sectores del campo, que no paraba de saltar y cantar con dos clásicos indiscutibles.
"Genius" y "Cómo alí" redoblaban la apuesta hitera y daban la sensación de que la noche empezaba a llegar a su fin. Sin embargo, "Ruleta", "Pacífico" y "Morella" inauguraban un momento cargado de emoción y felicidad en los rostros de grandes y chicos, que celebraban cada canción como un gol entre miradas cómplices, abrazos y saltos.
"Muevelo" brillaba con su característico y simpático ritmo que se extendía para presentar a cada miembro de la banda, cada uno en un solo que hacía brillar su talento al máximo mientras el público no paraba de aplaudir.
"Vamos a tocar el último tema de la noche", anunciaba Ciro iniciando su clásico juego de "sí" y "no" junto a la gente que avanzaba hacia su punto cúlmine y finalizaba con "El Farolito".
Muchas personas empezaban a irse, creyendo en la palabra del cantante al anunciarla como última canción.
"Un mundo cruel/Una noche cruel/Una ciudad dormida/y sin sueños", comenzó a cantar provocando el regreso de muchos. El pogo explotaba, el inminente final se acercaba y había que disfrutarlo hasta el final.
Las banderas flameaban cada vez más y comenzaban a acercarse hacia la valla.
Nada más vaciá tu vaso antes del fin
"Finale" se hacía presente, como en cada ritual, para comenzar a leer las banderas y reconocer a cada una y sus kilómetros recorridos para formar parte de la experiencia y compartirla entre amigos, familia y, por supuesto, con la banda.
El escenario prácticamente no puede verse de la cantidad de trapos.
"Rosario. San Nicolás. José C Paz. Sáenz Peña. Merlo. Córdoba. Lomas." Se escucha en las voces de Pity y Ciro. Así parece despedirse la banda en su único y último ritual rosarino de este regreso tan esperado y celebrado por fanáticos de todo el país y todas las generaciones.
Un regreso que no se trata solo de la música, sino que significa la vuelta de un espacio para cantarle a la injusticia, la cruda realidad, el dolor, el amor y la amistad.
Con las luces apagadas y el saludo de todos los miembros realizado, el ritual llegó a su fin. Pero el cantante, fiel a sus raíces, no puede abandonar el escenario sin tocar el Himno Nacional con su armónica estremeciendo a todos los presentes. Un último gesto de gratitud y orgullo por su público y su país.


