Pupilas que sueñan descalzas: Árbol celebró sus 30 años con un debut nostálgico en el patio del CC Konex
- 14 abr
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Con invitados especiales y una energía indiscutible, la banda recorrió su trayectoria en un cruce de generaciones inolvidable
Crónica: Azul Martinez Flaiman - @azuntvg
Fotos: Sofía Bulgarelli - @sofiabulgarelli.ph

La noche en el patio del CC Konex arrancó con ojos y cielo encapotados mientras corría un video devenido en recorrido por un camino de subidas, bajadas, pausas y arranques. Como muchas bandas que han marcado generaciones, Árbol celebró treinta años de alegría compartida con su público.
De repente, globos metalizados de cada color del arcoíris sobrevolaron el patio. Niños subidos a los hombros se obnubilaban con ellos y aplaudían. Minutos después, la banda hizo su triunfal entrada con Sexo, Suerte! y Chikanoréxica. Desde el primer acorde, el hormiguero de gente reaccionaba a la lluvia como si de agua hirviendo se tratara: saltando, corriendo y bailando en todas las direcciones.
Llegada la hora de Pequeños Sueños, carteles con la leyenda "Felices 30 años" se sostuvieron bajo la lluvia en un gesto tan emocionante como simple. Fue un fanaction, pero de cuarentones y sus hijos —muchos pisando un recital por primera vez—, todos encapuchados al reparo del clima pero disfrutando.
Alan Sutton se unió para Tutank'mon y Yo soy lo más en una pasada de antorcha del rock alternativo; entre el músico y la banda no faltaron los abrazos y gestos cómplices que daban cuenta de una admiración mutua.
Tres generaciones —y hasta cuatro— se abrazaron mientras sonaba Memoria y una versión única de Ya lo sabemos junto a Diego Aguilar, en uno de los tramos más tranquilos para la colonia que de quedarse quieta no tenía idea.
Con Trenes, Camiones y Tractores, La nena monstruo y Vomitando Flores se vivieron grandes momentos unificadores. Pablo Romero (voz) solicitó palmas, brazos al aire y la formación de una pasarela que generó dos paredes de gente enfrentadas que al siguiente acorde estallaron en efervescencia.
Los recuerdos —y la formación de nuevos para la posteridad— se colaban entre sus sonrisas de oreja a oreja y saltos desaforados. Lo que se vive con tanta alegría es difícil de olvidar: estar subida en los hombros de tu mamá a los siete años mientras combinás un tutú rosa con un piloto azul; el abrazo de tu papá, que no te abraza seguido pero que esta vez, para saltar, lo hace con ganas mientras grita la canción que lo salvó cuando tenía tu edad; el baile con amigos que no veías hace mucho, pero que se reservaron ese sábado para viajar en el tiempo a los bancos del colegio pintados con liquid paper con las letras de Árbol.
Salir del patio sintiendo que ganaste algo: un nuevo recuerdo, la vuelta de una sensación que creías perdida, una nueva canción favorita, un nuevo sueño cumplido o por cumplir.
Este viaje, que empezó recordando a través de melodías e imágenes de la banda, terminó generando una celebración del presente y la formación de nuevos recuerdos en el público que sonarán en sus corazones, como dice la letra de La vida. La esperanza, la alegría, el festejo; todo encapsulado en la última canción:
Escucha siempre la música que está en tu corazón


