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No tengo sueños, tengo planes: Dillom se convirtió en el primer artista independiente en tocar en Vélez

  • 24 dic 2025
  • 8 Min. de lectura

El artista realizó el show más grande de su carrera con una impactante puesta en escena, grandes invitados y su ambición indiscutible


Por Azul Martinez Flaiman - @azuntvg

Foto: @adlerguido @bohemiangroovecorp
Foto: @adlerguido @bohemiangroovecorp

En junio de 2025, Dillom anunció el show más grande de su carrera, pensado para despedir el universo de Por Cesárea, con fecha inicial para el 11 de septiembre en el Estadio José Amalfitani. Sin embargo, el evento se reprogramó para el 21 de diciembre, aumentando aún más la expectativa durante los casi seis meses de espera totales.


Llegada esa tarde-noche calurosa, los alrededores del estadio se iban colmando de jóvenes cuya vestimenta no pasaba desapercibida: remeras pintadas, cosidas e intervenidas a mano con distintos elementos y frases del universo del cantante. Aunque solo tiene dos discos, su bagaje de referencias y conceptos permite que cada fan se identifique con una parte distinta de su lore musical. Esa misma creatividad con la que inventa mundos inspira después a sus seguidores a expandirlos, adaptarlos y reinventarlos.


A pesar del debate presente en redes sociales los días previos sobre el sold out y la importancia del mismo, quedó claro desde temprano y en cada fila, que el estadio estaría atestado de personas en todos sus sectores. Cerca de las 21, las tribunas y el campo ya se encontraban llenos de gente disfrutando de los clásicos de rock internacional que musicalizaban la previa.

Al mismo tiempo, hablaban sobre la puesta en escena que ya podía admirarse.

Los dos ejes de la escenografía pensada para Por Cesárea se hacían visibles desde el principio: un escenario enorme cubierto de telas que simulaban pieles y, en el medio del campo único, dividido solo por una valla vertical de seguridad, el gran corazón que había marcado el pulso de los shows previos en Luna Park y Movistar Arena.


La emoción en los presentes podía palparse. Cada uno se preparaba para una noche única, de celebración de un artista que luchó contra toda adversidad que se le presentó con un único objetivo: ser grande en esto de la música.


Las luces se apagaron y el gran corazón comenzó a elevarse y a latir sobre las cabezas de quienes estaban en el campo, al ritmo de Irreversible, la introducción elegida para sostener la respiración para su compañera: Coyote, la primera canción de la noche, que puso play al pogo que no pararía en las dos horas y veinte minutos siguientes.


Sobre las plateas, luces blancas trazaban la cara del artista y la portada del disco y se proyectaban generando una experiencia completamente inmersiva.


Sobre el escenario, entre lenguas de fuego, el músico con lentes de sol y una campera de cuero, su fiel banda y la agrupación de cuerdas Cuarteto Divergente acompañaban al solista que combina independencia y trabajo en equipo.

Firmado por su propio sello, rescata cada vez que tiene la oportunidad la importancia del trabajo en equipo para la concreción de los objetivos.

Trabajo en equipo: el combustible que permite a la gente común alcanzar un resultado poco común”, rezaba la galleta de la fortuna que mostró a través de sus redes sociales en las horas previas, resaltando la fuerza de lo colectivo.


Mick Jagger, Rili Rili y Piso 13 junto a DUO representaron el bloque de iniciación: bailes, saltos y letras que se volvieron insignia de su proyecto, por fuera del segundo disco de estudio, que protagonizaría el primer momento performático de la noche y dejaría boquiabierto a todo Liniers.

Para La Novia de Mi Amigo, el cantante apareció en escena con más de veinte globos en tonos grises. A mediados de la canción, no solo apareció el primer invitado de la noche, Juan López, sino que los globos que tenía en la mano comenzaron a elevarlo hacia el cielo, en una hazaña que subiría la vara de la puesta de ese momento en adelante.


El segundo invitado fue Broke Carrey, quien interpretó en completa soledad Mentiras Piadosas. Esto dio el pie perfecto al primer cambio de vestuario de la noche para el super rapero nacional. Mientras Franco Dolzani (guitarra, bajo, teclados y dirección musical) tocaba el piano, apareció en escena vestido de blanco para cantar una versión acústica única de La Primera, que arrancó algunas lágrimas.


La energía comenzó a subir con Mi peor enemigo para desembocar en una tríada punk infalible: 1312 junto a Muerejoven, Ola de Suicidios y Latas junto a K4. El terreno estaba listo para levantar polvo con Reality y su épica introducción a cargo de Personal Jesus de Depeche Mode.


El clásico Rocketpowers, significó un gran momento de felicidad para los más fanáticos y dio inicio a un bloque acompañado por Bicicleta y Sauce que dejó en claro algo fundamental: el show no tuvo como eje solo celebrar la trayectoria, sino poder conectarla con el presente. Las canciones que formaron parte de la lista siguen, de alguna manera, formando parte del sonido, mensaje y universo que construye y quiere representar.

Así, no se trató de un conjunto de sus mayores hits, sino de una elección cuidada para darle gustos al público sin descuidar la identidad actual.


El flujo de energía estaba siendo manejado a la perfección, yendo de arriba hacia abajo y volviendo a subir como una montaña rusa. Después de las lágrimas, llegaron Ovario junto a Ill Quentin y SIDE con la participación de Andrés Capasso, en la que, juguetón y contento, el cantante cambió la letra de “Cuando era chico soñaba con escenarios” por “Cuando era chico soñaba con Vélez Sarsfield”.


Con este dúo, la amistad volvió a ocupar un lugar central en el relato, tal como lo plantea en Ovario: "Si querés que vaya, sabelo que yo siempre caigo con varios/Siempre rodeado de mi sangre, puta, yo me siento un ovario"


Uno de los pogos más esperados de la noche llegó con Post Mortem, donde grandes rondas se abrían en el campo y el mosh rompía como olas mientras se escuchaba fuerte el coro de cada letra. Algo similar sucedió con Pelotuda, que cerró este bloque para dar paso a la siguiente performance.


En La Carie, junto a Lali, el escenario se elevó y luego comenzó a descender lentamente.

El rapero y la popstar bajaron de la mano para interpretar la canción, mientras él se transformaba en otra persona: cambio de vestuario en vivo, peluca, máscara y labial rojo.

La cantante salió de escena y el protagonista quedó listo para interpretar Muñecas. Subido a una plataforma que subía y bajaba, se enfrentó a una soga preparada para simular un ahorcamiento.


Una vez más, Dylan León Masa y su equipo llevaron los límites de la performance más allá. Entre la vida y la muerte, la claridad y la oscuridad, lo gracioso y lo tétrico: una línea fina que cruzan con facilidad, como si estuvieran jugando a la rayuela en el recreo, pero en un escenario frente a más de treinta mil personas.


De esta manera demostró que es posible para los artistas varones jugar sobre el escenario en lugar de limitarse a tocar. Porque para él siempre fue mucho más que música: en su universo artístico dialogan la actuación, el vestuario como canal de comunicación, el maquillaje y la escenografía incluso más allá de los escenarios.


Para Últimamente, un video de un niño jugando con un oso de peluche se proyectó en las grandes pantallas. Luego se hizo realidad: su hermano apareció en escena con el mismo juguete, que dejó sobre el escenario para que Dillom lo sostuviera al relatar la pérdida de inocencia de su personaje, que lo llevaría al peor final en la canción siguiente, Ciudad de la Paz.


El momento más rockero de la noche comenzó con la compañía de Juanse, invitado para interpretar uno de los clásicos de Ratones Paranoícos: Enlace.

Unos minutos antes, las pantallas habían proyectado un video en el que el rapero aparecía junto a Pity Álvarez, quien le mostró su apoyo y agradeció a quienes estaban presentes por hacerle "la primera", ya que él tocaba en su gran regreso un día antes en Córdoba.


Estos gestos, junto con la amistad que ha cosechado con Andrés Calamaro, lo posicionan como heredero del espíritu rockero argentino. Mientras banderas con nombres de ciudades flameaban en el estadio y algunos fans se subían a los hombros, sonaban de fondo dos canciones con pulso rollinga: la nueva Rojo Profundo y la inédita Amigos.

Quedaba más que claro: aunque comenzó en el beatmaking, encontró refugio en el trap, su mayor influencia son Los Ramones. Y el público lo acompañaba, llevando las tradiciones del rock a sus recitales.


"Ustedes saben que los quiero con locura a todos ustedes, no?", dijo introduciendo un bloque especial para los fans: Cirugía, su clásico de cancha, 220 con sus flashes y encendedores en alto alrededor de todo el estadio y la amada Amigos Nuevos. Una combinación que encapsuló la energía de la noche: "Por vos voy en misión suicida", "Voy a dejar todo lo demás para después para verte" y "Donde vamos siempre hacemos amigos nuevos".


Entre canción y canción, visiblemente emocionado, el cantante agradeció y hasta tuvo que retirarse unos segundos del escenario para respirar hondo y volver a sumergirse en la vorágine del show. Durante esos minutos, Gringo (guitarras) jugó con su instrumento tocando canciones insólitas como la introducción de Bob Esponja, que entretuvieron al público.


Reiki y yoga parecía cerrar la noche con la cuota justa de humor y oscuridad. Pero faltaba algo por lo que todos estaban esperando. "Buenos tiempos, buenos tiempos" se escuchaba en coro entre las grandes rondas que se abrían.


De smoking y despidiéndose, Dillom volvió al escenario para cantar su versión de My Way, popularizada por Frank Sinatra. Sin embargo, al llegar al final y entre risas, se arrancó el traje de un manotazo, quedando en cuero para cantar Buenos tiempos.


"I faced it all, and I stood tall/And did it my way"


Como dos caras de la misma moneda, las canciones se conectaban a pesar de su contraste a través de su mensaje: si el día que muera lo hará “en su ley”, también así fue su camino al éxito.


En medio de su canción más esperada y divertida, el irreverente que nunca pierde la oportunidad de hacer lo más gracioso se acercó al vallado con una gran tijera e hizo realidad el chiste twittero sobre su debilidad por los flequillos: le cortó el flequillo muy desparejo a cuatro personas y se llevó el nuevo apodo de super peluquero nacional.


De vuelta en el escenario, le hizo fondo blanco a una lata de cerveza y acto seguido, se paró en el medio del escenario. De espaldas con ambas manos se bajó el pantalón dejando ver una leyenda en su calzoncillo negro: "GRACIAS" en letras blancas.

Con brazos abiertos recibió una ruidosa ovación. El show llegaba a su fin, con las sonrisas y las manos en alto.


Las luces se encendieron y Ya Nadie Va A Escuchar Tu Remera de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota sonó en todo el predio. Entre bailes y risas, el público cantaba y se retiraba con la felicidad y la tranquilidad de haber visto cómo los códigos del rock nacional se resignificaban de la mano de música difícil de definir.


Es un artista al cual resulta difícil encasillar en un solo género. Sin embargo, él mismo sostuvo "Yo soy el rock" en su presentación en el Quilmes Rock 2025 y el show en Vélez terminó de darle la razón: si se entiende por tal a la autogestión y la construcción de una comunidad incondicional, Dillom encontró su propia manera de encarnar el género.

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