No soy nada sin vos: Lichi le hizo frente a los primeros indicios del otoño con un show íntimo en Sala Equis
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En un encuentro donde la cercanía y transparencia fueron la clave, el artista rafaelino hizo un verdadero cocoliche de temas viejos, covers y canciones de su último disco
Por Matías Palmieri - @matiipalmierii

Tras varias semanas sofocantes en la ciudad de Buenos Aires, el sábado cuatro de abril por fin bajó la temperatura. Sin embargo, Lichi fue al resguardo de los más friolentos con su cálida presentación en Sala Equis.
Desde Every Night de Paul McCartney hasta Legendario: hizo un verdadero cocoliche de temas viejos, covers y canciones de su último disco.
Al ingresar al lugar, muchos se sintieron algo desorientados. No había escenarios ni demasiadas sillas. La mayoría de las personas optaron por recostarse en el suelo a tan solo unos centímetros del cantante. Tampoco predominaban las luces fuertes, las pocas que había eran tenues. No es casualidad que se haya rotulado al show como íntimo. Realmente hubo una clara intención y esfuerzo en ambientarlo como si fuera en su propia casa.
Comenzó con Pensar en Nada de León Gieco para automáticamente después pasar a la ya mencionada Every Night. Aquel contraste abismal dio un adelanto de la variedad de canciones que conformaban su setlist, aunque este se fuera modificando drásticamente a medida que el público hacía sus pedidos y él no podía negarse a concederlos. Así, Psicodelia fue el primer tema de la noche de su propia autoría.
La audiencia, por supuesto, cantaba. Pero de una manera sumamente respetuosa y compañera. No fue lo mismo que en otros shows, en los que uno grita a más no poder. Se asimilaba a un coro: las distintas voces, en lugar de opacar la del cantante, la acompañaban, buscando endulzarla aún más.
Tras algunos covers, entre los que se encontraba Montaña Roja de La Renga, llegó Dani, protagonizando uno de los puntos más destacables de la noche. La suavidad en su voz y la delicadeza de sus acordes convirtieron a Lichi en el anfitrión de un momento inigualable. Como si la nostalgia fuera poca, optó por tocar la apertura de Tecnología #2 (2021): Las Casas. Para luego rematar con su versión de This Will Be Our Year de The Zombies, algo más lenta y sentimental que la original.
En los intervalos entre canciones, el músico rafaelino se dedicaba a charlar con el público como si de sus amigos cercanos se tratara. Dentro de esas ocasiones resaltó que había una fan allí presente que viajó desde Mar del Plata hasta Almagro tan solo para verlo, y se dio la dicha de preguntar si había alguien que viniera de más lejos aún. Imagínense su sorpresa al oír Catamarca y Santa Cruz como respuestas. Sin duda, esa noche, la pasión y el cariño incondicional superaron todo tipo de barreras.
Además, aprovechó la ocasión para confesar que el sexto track de su último disco, Cuando la Barca, llevaba escrito unos diecisiete años y bromeó con que ya estaría egresándose del colegio muy pronto. En este mismo hilo de revelaciones explicó el significado del primer fragmento de Soñé que Estabas Acá Así que Vine:
“Yo me di cuenta/tus pies nunca tocan el suelo” hace alusión a un dibujo que le hizo hace algunos años a su amigo Alex, allí presente, con esa misma frase escrita.
Una noche tan acogedora como aquella no habría estado completa sin hablar de tatuajes compartidos. Resulta que dos fanáticos, justo antes de asistir al show, se tatuaron una pareja de pocodrilos. Por supuesto, Lichi no pudo negarse a tocar la canción que lleva en su nombre a este fantástico animal ficticio. Posterior a Mi Yo y Mi Mini-Mi, título que confiesa no haber aceptado del todo en un principio hasta que le dio su propio significado, tocó un memorable cover de Luis Alberto Spinetta: un mashup de Como el Viento Voy a Ver y Mi Espíritu Se Fue.
El punteo rockero de Legendario, la ternura de Portarse Bien y los agudos de La Nave Espacial, no hicieron más que reafirmar su calidad como artista. Amagó a despedirse hasta que se percató de que no había interpretado El Plan Mayor y decidió dar cierre con aquella preciosa balada.
Una vez finalizado el acústico de no más ni menos que dieciocho temas, le dedicó un tiempo a cada uno de sus fanáticos. Al bajar del escenario, no solo se sacó fotos sino que firmó libros, vio tatuajes y oyó historias. Es un hecho que se trata de un artista que convoca, ya sea dentro o fuera del ámbito musical. Moviliza a las personas geográfica y emocionalmente de manera tal que se vuelve parte de ellas y de cómo estas se relacionan en el mundo.
Fácilmente podría pecar de egocentrismo o falta de simpatía, pero su caso es todo lo contrario. La música es su excusa para conectar con la gente, por quien en varias ocasiones confesó sentir el más puro interés y afición, llegando a declarar aquella misma noche que le encantaría poder hacer más presentaciones íntimas en distintas ciudades de todo el país.
Últimamente se dice que el frío es un estado psicológico más que uno natural del ser humano. Sin embargo, shows como este demuestran que el calor no es una cuestión de biología ni de psiquis, sino una artística. El ardor de una estufa no se compara en absoluto con el que recorre el cuerpo de un oyente al escuchar en vivo una canción que ama. Las mantas y abrigos sobran cuando la calidez de una balada te abraza hasta los huesos, o incluso hasta el alma.
Las cenizas de una fogata no tienen punto de comparación con la sensación de infinitud posterior a un concierto.


