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No somos una novedad: reybruja y un ritual de rock nacional argentino en CC Matienzo

  • 9 may
  • 3 min de lectura

Entre rondas y nubes de humo, la banda hizo saltar a todos lleno al compás del género que les hace latir fuerte el corazón


Crónica: Azul Martinez Flaiman - @azuntvg

Fotos: Sofia Bulgarelli - @sofiabulgarelli.ph



Flequillos cortados de más, remeras con la lengua de los Rolling Stones, nubes de humo de los cigarrillos más baratos del mercado y latas de cerveza giraban por el CC Matienzo mientras sonaban clásicos de rock nacional fusionados entre sí. El Himno Nacional irrumpió y el público sediento coreó cada una de sus estrofas para darle la bienvenida a reybruja.


Seis superestrellas de barrio entraron a escena para darle comienzo a un nuevo ritual del género que les hace latir fuerte el corazón. El rock, ese viejo amigo de los jóvenes al que siempre quieren dar por muerto, estuvo vivito y coleando desde el principio en este encuentro. Porque —citando el nombre de su disco debut y parafraseando a Calamaro— se trata de gustar y ofender. De ser un atrevido pero con valores. Ahí estaba entonces el rock haciéndose presente en un show de 21 canciones que combinó estrenos y clásicos, en un recorrido único por su discografía.


Con nenanisman y chica saavedra, el movimiento empezó tímido. Para el tercer tema, libertarios, y el cuarto, el jugador, ya había grandes rondas que movían el piso y gente volando por los aires desde el fondo directo hasta el escenario; ese lugar tan sagrado para algunos donde reybruja se encuentra con su energía más genuina, divertida, libre y cruda.

Y cómo no, también con su público. Un rejunte que definen como un par de locos que la agitan aunque estén en cero y un par de flacas que se empujan mientras gritan. Con ellos comparten micrófono, abrazos y pasiones.

Ese agite constante es lo que —admiten— los devino banda; transformó un proyecto solista en uno colectivo que se fue construyendo en el camino a la par de su gente. Su gran amor, motor y encendedor que hace latir cada show. la novedad celebra a ese viejo amigo que a veces se toma un descanso, pero que siempre está.

No somos una novedad (...) Hay cosas que van a volver y cosas que no vuelven más Por eso yo hago rock and roll Aunque sea solo para mí Aunque no sea para vos Aunque no lo viste venir

La banda defiende así lo que heredaron desde chicos: estribillos imbatibles mezclados con guitarras filosas y armónicas dulces. Como hacían Andrés Calamaro y Pity Álvarez. Hoy hacen eco de esos sonidos en sus propias producciones. Ahí se cuela el rock, silbando bajito, vibrando en cada joven que creció escuchando por la radio letras que hablaban de lugares y situaciones como los que ellos transitaban.


Pero para reybruja, el rock no es solo sonido. Es una estética y una forma de encarar la vida. Así aprendieron a incomodar pero manteniéndose hipnotizantes, para que no puedas parar de mirar y de mover la patita ante estos atrevidos. Esas influencias que encendieron su chispa se dejaron ver por completo en yirando en el mood, su canción más guitarrera que arrancó sonrisas y fuertes aplausos.

"¡Gracias, mi amoooor!", exclamaba Enzo Lupo, el cantante, cada dos por tres. Un amor declarado a ese público que cantaba sus canciones con la garganta al descubierto y subidos a los hombros de sus amigos.

"Ustedes cantan y nosotros no lo creemos. Por eso tomamos un trago, para anestesiarnos. Si no lloramos, y no está bueno llorar en público", agregó entre chistes y verdades.


el atrevido, flaco (buscando plata) y pocamonta siguieron encendiendo la noche hasta que soltaron una bomba: "Nos metimos en el estudio un mes entero y salieron treinta y seis canciones que van a ser nuestro próximo disco", comentó antes de adelantar en vivo dos inéditos que formarán parte de su nuevo material de estudio.


Tras preguntarle al público de qué barrio venían, siguiendo costumbres —porque si vamos a heredar, vamos a heredar bien—el grupo le pegó una patada en la cara a sus fans con una seguidilla de canciones que explotaron en gritos y saltos: loquita, piso 20, superestrellas del barrio y RNA.


Para terminar, un mensaje claro: que se la banquen. Porque aunque no sean novedad, llegaron a arrasar con todo con lentes de sol y latas de cerveza Quilmes. Entre logos vandalizados, cigarrillos encendidos, guitarras filosas y la herencia de un género que abraza jóvenes desde sus mismísimos orígenes. Atrevidos. Desfachatados. Rockeros. Jugadores que no llegaron a primera, pero sí a los escenarios para seguir gustando, para seguir ofendiendo.

¿No te contaron que volvió el rock and roll?

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