No podrán conmigo: Lucy Patané cerró su gira Hija de ruta en Teatro Vorterix
- 22 sept 2025
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Con la escena reunida arriba y abajo del escenario, la artista celebró una noche histórica
Crónica: N. Fernández - @anyerfotografia
Fotos: Milagros Ponce - @milaponc

Sábado lluvioso en Buenos Aires. Afuera, alerta naranja; adentro, Vorterix hervía con la electricidad propia de los recitales donde lo colectivo se convierte en refugio.
La noche empezó con Isla Mujeres, que desplegó canciones de "Barato ideal" (2024) como “Cuida tu rareza” y “Disimular”. Su set fue un anticipo de lo que vendría: un público entregado, una sala expectante y la certeza de que la música independiente puede más que cualquier tormenta.
Cuando Lucy Patané apareció en escena, la primera canción fue “Vecindario”, y desde ahí no hubo vuelta atrás. El arranque siguió con “Lo caro”, “La maldad”, “Glitter negro” y “Las dudas y las deudas”, cada tema recibido con un fervor absoluto. El cruce de guitarras, bases y arreglos le dio a la sala un pulso rockero que se multiplicaba en coros y gritos.
La primera invitada fue Paula Trama para “Muchacha desquiciada”, donde la complicidad desprendida de Lesbiandrama sobre el escenario se reflejó en un aplauso sostenido y coreado.
Después, el bloque con La Piba Berreta comenzó con “Vinieron a buscar la paga” y “Clavícula”, donde "la rusa" le sumó su sensualidad al tema. Terminaron con versiones propias de "La cocotera" de Karina Crucet y “Llorando se fue” de Los Kjarkas desatando pura catarsis colectiva: pogo, risas, manos en alto.
Tras ese torbellino, llegó un pasaje distinto: Lucy presentó a tres coristas de la banda del oeste Parkour en el geriátrico, quienes subieron a cantar y encargarse de la melódica. Interpretaron juntas su canción "Elefantes naranjas" y “Tu dialecto”. Además, aprovechó para contar que están trabajando en un nuevo álbum con ella en la producción, encerrando un gesto de reconocimiento y de apuesta al futuro de la escena.
El ingreso de Vivi Scaliza marcó otro pico. Su vozarrón en el cover de "Génesis" de Vox Dei y en “Ya no quedan” no sólo encendió al público: funcionó como un recordatorio del linaje musical en el que se inscribe Patané. La potencia de Scaliza, aplaudida de pie, dialogaba con la frescura de la nueva generación que rodeaba la velada.
El recorrido siguió con “Hoteles de fuego”, “Bukkake” y el magnetismo de “Cinturón”, con el saxo de Melina Xilas llevando la canción a un plano experimental.
Entre temas, Lucy soltaba frases que condensaban el espíritu de la noche: “Vivan las lesbianas, pensé que era obvio pero nunca está de más decirlo”.
Isla Mujeres volvió a subir al escenario con “Tengo un plan”, mientras el público aportaba lo suyo con un canto espontáneo de “Karina es alta coimera” que se extendió entre risas y complicidad.
La gran sorpresa fue la aparición de Natalia Oreiro para cantar “Tu veneno”. El teatro explotó: la mezcla entre un himno pop de los 2000 y la mística del under generó un instante único, improbable y perfecto.
Llegando al final de la noche, Lucy manifestó: “Si tenés un micrófono tenés que pronunciarte. Estamos hablando de genocidio. Hay que estar unidos”.
El cierre quedó en manos de “Búhos”, “En toneles” y “Trámites burocráticos”. Todo bajo una puesta de escena diseñada por Jesica Montes de Oca, que tiñó el escenario de luces rosas en referencia a "Hija de ruta". Esa estética, lejos de ser un mero detalle, reforzó el pulso conceptual del concierto: una artista que entiende que cada color, cada decisión visual y cada invitada son parte del mismo relato.
Que entre el público se encontraran artistas como Barbi Recanati, Lula Bertoldi, Paula Maffia y Fonso no fue un dato menor: habla de una artista que lleva mucho tiempo siendo parte de la escena y de un camino compartido. Que tus pares elijan estar ahí, bajo la misma lluvia y en la misma sala, es un gesto de respeto.
Y si la presencia en la platea dice mucho, lo que ocurrió arriba del escenario lo dice aún más: la diversidad y el calibre de los invitados, desde La Piba Berreta a Vivi Scaliza, de Isla Mujeres a Natalia Oreiro, muestran hasta dónde llega la fuerza de convocatoria de la artista y la potencia de su universo.
No solo habla de un recorrido ya trazado, sino también de un presente en plena ebullición y de un futuro que la tendrá siempre en el centro: Lucy no es solo parte de la escena del rock, Lucy es la escena.
Al despedirse, la cantante agradeció al público y a cada persona que trabajó en el show. Subrayó que todo esto solo es posible gracias a la venta de entradas, sin nada más detrás. Esa honestidad, repetida varias veces, reforzó la idea de un presente sostenido por la comunidad que decide estar.
No fue solamente un recital: fue la demostración de que la música independiente argentina puede generar momentos históricos, de esos que marcan un mapa cultural y redefinen la importancia del encuentro colectivo.


