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La noche furiosa no existe en otro lado: la metamorfosis de Juana Rozas en Niceto Club

  • 14 nov 2025
  • 3 min de lectura

Entre calor, teatralidad y la entrega performática que la distingue, la artista despide el mundo de "TANYA" y deja entrever lo que viene


Crónica: N. Fernández - @anyerfotografia

Fotos: Milagros Ponce - @milaponc



El calor de Palermo en una noche de noviembre no compite con lo que pasa adentro de Niceto Club, donde la temperatura no deja de subir con Juana Rozas cerrando el tour de "TANYA". 


La noche arranca con “POSE!”, “UN ÁNGEL” y “CARIÑO”, construyendo una entrada progresiva, sensual y precisa.


Cuando llega “Fotos y mentiras” y remata con un “dramática siempre, ¿no?”, el público ya está totalmente entregado: sí, dramática, pero también magnética, afilada y consciente de cada gesto.


“Cementerio” funciona como puente hacia “NITRO”, junto a TERRA, primera invitada de la noche. La química entre ambas es inmediata; suena a alianza, no a cameo.


Después explota todo con “Bien intenso deluxe”, donde la gente grita, salta, para que el pogo sea rito y caos. El calor ahora es colectivo, un termómetro humano moviéndose a su ritmo.


Un bloque sólido de "TANYA" inicia con “PUERTA”, “BUENISIMO”, “ÁNTONIO” y “TANYA LOCA”. Cuatro temas que funcionan como un mini show dentro del show: estética marcada, velocidad emocional, una narrativa clara que sube y sube, casi sin dejar respirar.

Es Tanya en vivo y en tres dimensiones.


La segunda invitada es MAG y aparece con “2001”, la canción de su propio disco que comparten. Después llega “BESITO A LAS FLORES”, una pausa íntima que baja levemente la intensidad sin perder profundidad. Siguen “RIDÍCULO” y la performática “DEJÁNDOTE IR, donde dos figuras vestidas de rojo entran cantando ópera. Las figuras se retiran, dando paso a dos marineritos y una chica enmascarada. Los tres colocan una bola de disco en mitad del escenario.


Es un sueño febril hecho puesta en escena; es Juana expandiendo su universo más allá de lo musical, como quien abre de par en par las puertas a una nueva dimensión.


El quiebre conceptual llega con “CAPITÁN”, nueva canción, y un cambio de outfit que pone la puesta en clave crucero: glamour pop, guiño a “Candyman” de Christina Aguilera, y una boa naranja icónica de Tanya pero “mutada”: de un lado, botas negras; del otro, la cabeza de Tanya. Un símbolo evidente de metamorfosis.


“FANTÁSTICA!”, también inédita, sube aún más la apuesta. A los marineros se suma uno mayor que aporta humor involuntario y presencia teatral. La puesta es todo el showbusiness que Taylor Swift alguna vez prometió pero que acá, curiosamente, aparece desde el under


Siguen “Qué importa”, con MARTTEIN, y “Im a Star”, junto a Six Sex, donde Juana deja una frase que queda rebotando: “si esto no es rock, no sé”.

Y tiene razón: el rock, a esta altura, es actitud, riesgo, energía, y todo eso está indudablemente sobre el escenario esta noche.


Para el cierre: “Revelde”, la queridísima “WANNA HOTEL, y una “BAD CHOICE” extendida que abre con una dedicatoria: “para todos los que una vez tomaron una mala decisión”.


Cierra, además, con el anuncio de nueva música, con fecha para el 22/1.


Papeles vuelan en Niceto con el tracklist de lo que se viene: 



Lo de Juana Rozas es contundente: ningún escenario le queda grande. Sabe construir mundos, habitar personajes, quemarlos y revivirlos sin perder autenticidad. Sus discos son universos completos con estética, narrativa y rituales propios; y en vivo los encarna con una dedicación performática que renueva el entusiasmo por lo que una artista puede hacer sobre un escenario. Juana experimenta, se arriesga y se planta.


En una noche calurosa, ella no solo sube la temperatura: la moldea, la dirige y la convierte en espectáculo. Un soplo de aire fresco y ardiente en la escena argentina.

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