Estás llegando a la gloria: Marttein presentó su trilogía en una misa del caos en Teatro Vorterix
- 12 oct 2025
- 3 min de lectura
El artista presentó un show donde música, performance y humor se fusionaron en una experiencia única
Crónica: N. Fernández - @anyerfotografia
Fotos: Catalina González Dalessandro - @catalinagon.raw

En un lapso de dos años, Marttein presentó un disco homónimo, una película para ilustrarlo, un EP doble —"EL MARRÓN"—, otro más —"ESPECTACULAR"— y un cortometraje: una señal de que su creatividad entró en un flujo sin fin.
Sus letras, cargadas de ironía y reflexión, y su propuesta escénica —que mezcla distintos géneros, cambios de vestuario y performance — muestran un universo propio donde todo se vive como una experiencia. A la par. su público creció junto a él hasta decantar en una presentación en el Teatro Vorterix que fue mucho más que un show musical.
“Veo mi cara en el espejo y sonrío”. Así arrancaba Marttein, solo en el centro del escenario, con la voz firme y una calma eléctrica antes del estallido. Es el inicio de "ESPECTACULAR", la primera canción de la noche y también la carta de presentación del EP que lleva el mismo nombre.
En un Vorterix colmado y expectante, el jueves empezó con esa energía de rito compartido, de algo que se estaba por desatar.
La segunda canción, "SABOR", marcó el pulso: luces precisas, juego de sombras, destellos que recortaban la silueta del artista. La puesta de luces, pulida, expresiva, a veces violenta: acompañó cada cambio de ritmo, haciendo visible lo que la música insinuaba.
Con "SÁBADO" llegó el primer pogo, una oleada instantánea de movimiento, cuerpos que se empujan y sonríen, como si el nombre de la canción se hubiera vuelto literal. La temperatura subió todavía más con "Amigo de la Noche", donde un tinte pop se volvió una declaración: Marttein no busca encajar, busca expandir.
"Dos Perrxs" no bajó el pulso y "Quién so vo?" marcó un quiebre. Marttein se sacó el pantalón e hizo twerk, desarmando la solemnidad del pop masculino y devolviéndola convertida en una performance carnal, provocadora y libre.
El ingreso de Mag para "bullicio" encendió un pogo poderoso, una descarga conjunta que desbordó el escenario. Más tarde subió Camilo Desorden, en un tema donde las bases se volvieron densas: como si la música invocara algo más que una fiesta.
Con "No Vayas" el clima cambió otra vez: sonaron unos segundos del Himno Nacional.
Después vino un interludio: el público cantando “el que no salta, votó a Milei”, un coro espontáneo que reafirmó el espíritu político y colectivo del show.
"EL MARRÓN" fue uno de los momentos más teatrales. Las luces bajaron y, desde el palco, apareció Marttein vestido con un look que recordaba a Elvis Presley. Antes de cantar, le dio una introducción a lo que se venía: “Yo no vine a imponer, vine a invitar”.
El escenario se volvió una especie de iglesia, con coristas al frente y un clima de ceremonia.
Siguieron "MORIR AL SOL" y "FUTURISTA", con la ya icónica campera de cuero marrón.
El ritmo volvió a subir con "EL RUBIO", que desató uno de los pogos más intensos de la noche: saltos, gritos, euforia compartida. Luego llegaron "ADELANTE" y "AMIGO", con un público que ya no solo escuchaba, sino que participaba.
Juana Rozas fue la tercera invitada, sumándose primero para "QUÉ IMPORTA" y luego para "CACHETAZO", dos canciones que marcaron un tramo de comunión vocal y emocional.
El clímax vino con "PARA AMARSE". Los músicos se retiraron y quedó Marttein solo, al teclado, iluminado apenas por un haz de luz blanca.
Empezó suave, íntimo, hasta que la base electrónica explotó en el cierre, con el artista ya en trance y el público acompañando cada nota.
Al final, sorprendió con un nuevo cambio de look: quedó en calzón blanco con brillitos, entre la ironía, la provocación y la entrega total.
En "LLAMALO", su colaboración con Dillom, la ausencia del invitado se resolvió con un gesto de humor: cuatro actores encarnando al rapero, multiplicando la energía y el delirio.
De ahí en más fue puro vértigo: "PIZZA PARTY" junto a Six Sex, "SUPEROFERTAS" y "AAA" cerrando una secuencia de pogo, transpiración y desborde colectivo.
Marttein mezcló todo: rock, cumbia, electrónica, performance, humor y confesión.
El resultado fue un show donde nada sobra y nada se disfraza.
En una época en la que los géneros se cruzan y los límites se disuelven, el artista encarna esa nueva generación que no teme moverse entre registros, cuerpos y sonidos.
El público lo entendió así: no como un recital más, sino como una experiencia. Una misa del caos, donde cada cuerpo fue llamado a participar. Porque, como dijo él mismo, no vino a imponer: vino a invitar.


