El ombú cuidará mi guitarra: Pretoria dio fin a su residencia criolla en El Imaginario Cultural
Con una presentación de disco desplegada en cuatro noches, la banda cosechó lo sembrado en Tristeza Criolla: unión, patria y coplas que se hicieron refugio
Crónica: Azul Martinez Flaiman - @azuntvg
Fotos: Sofía Bulgarelli - @sofiabulgarelli.ph

Esta es una historia de siembra y cosecha. De un trabajo artesanal con el corazón y la escarapela en la mano.
Pretoria hace canciones, no sabría accionar de otra manera. La semilla que plantaron siempre tuvo esa forma, pero lo que hoy cosechan cambió.
Tal como cambia el entretenimiento de los niños y las calles de los pueblos del interior retratados en las canciones de Tristeza Criolla, el disco que los llevó a hacer más ruido que nunca y a montar una residencia de cuatro shows en El Imaginario Cultural.
Proponiendo una lista de canciones que fue mutando show a show y un público fiel que le abrió paso a nuevos adeptos, el grupo recorrió entre la primera y la última noche prácticamente toda su discografía, pasando por Arbusto (2018), Salud y Adolescencia (2019) e Historias de Terror (2023), demostrando que hay mucho más de ellos que el reciente lanzamiento.
Contaron con una banda invitada por viernes, compartiendo cada noche con amigos arriba y abajo del escenario: Mi Primer Grand Prix, Final de Temporada, Coramina y Granma se unieron a esta celebración.
A diferencia de las primeras tres fechas, para cerrar el ciclo, la banda no anunció el setlist en redes sociales y propuso un camino sorpresa con paradas en cada etapa de su recorrido.
Así, sonaron 1992, Nenes, Ceremonia y Esteban, que fueron recibidas con el mismo cariño que La Niña, Hospitales o Normal, dejando espacio para las tradiciones que la nueva etapa está generando en el público: los saltos en Nafta, el grito feroz en Knockout, el refugio de Tristeza Criolla o la esperanza contenida en Mercedes.
Tradiciones que necesitaron, sin dudas, de un grupo de gente que decidiera que su noche de jueves consistiera en cantarle a un pueblo argentino roto, pero que intenta erigirse en cada garganta, haciéndole frente a una angustia latente en cada joven. Una decisión de acercarse y encontrarse en una ciudad cada vez más gris e indiferente.
Creo que somos amigos y Argentina va a estallar / (...) Ahora soy joven, mañana quiero estar con vos
Sobre el final, una versión de Ya Nadie Va A Escuchar Tu Remera, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Risas, abrazos y la sensación de estar presenciando un momento especial inundaron el sótano.
El arbusto, hoy devenido ombú —erguido e imponente gracias a los aprendizajes de un trayecto que recién comienza—, seguirá creciendo ante una forma de relatar la realidad sin titubeos ni pretensiones: letras donde aparecen un Carrefour, la deuda con la prepaga y el vuelto de SADAIC. Y cuidará la guitarra y las coplas de Pretoria, como reza la canción que le da nombre a su nuevo disco.


