Deteniendo monstruos: Marilina Bertoldi se apoderó del C Art Media
- 2 jun
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La artista hizo carne su coraje con un show que combinó acidez, potencia y una certeza indiscutible: el rock ya no le pertenece a los trajes y bigotes de siempre
Por Azul Martinez Flaiman

Rebelde y performática como pocas, Marilina Bertoldi llegó al C Art Media para apoderarse de ese escenario como si se lo hubieran negado toda la vida.
Y con la fuerza de recuperar lo que sabe que es suyo irrumpió en escena con una peluca blanca larguísima, un corpiño de estrellas, un pantalón de rombos negro y blanco y una capa roja. Como una vengadora de todo eso que, al género femenino, se le prohíbe o restringe de nacimiento: hablar fuerte y claro, expresarse libremente y pararse frente a un público con una guitarra y la mayor de las seguridades.
Un día más para un hombre blanco cisgénero cualquiera, una lucha diaria para las mujeres que no tienen otra alternativa que intentar detener monstruos.
Si alguien sabe de eso, es Marilina, que se ha ganado su lugar apostando siempre a su visión en un género mayormente liderado por hombres en el mundo y en el país.
No es ninguna noticia que el rock nacional argentino se sostiene en pilares con nombre de hombre. Y que los trajes empolvados de los rockeros que hacen juego con sus bigotes no se ceden tan fácil a chicas gritonas que quieren salir a tocar en vestido y peluca, con miles de personajes dialogando en escena para burlarse de lo impuesto y lo aprendido. Ahí, hace carne su mayor virtud y coraje: una combinación de talento musical y lírico con acidez y show. Una bandera plantada para hacerle frente a lo injusto con la dosis justa de sensualidad, dulzura, potencia e ironía.
Dividido en cuatro bloques, el show recorrió su último disco Para quien trabajas Vol. I y las canciones que la han acompañado en su carrera musical que va cada vez más en ascenso y la consolida como una de las referentas indiscutidas del rock nacional.
Entre las luces aparece como una diosa mitológica con Para quien trabajas, Autoestima y Es Poderoso, para después darle comienzo a lo íntimo prometido en el anuncio del show. Versiones sublimes de sus clásicos lentos como Rastro, Enterrarte y Por siempre es un lugar, en la que se acercó al público lo más que pudo para cantar sentada desplegando una sensualidad que solo ella puede encarnar como cantante de rock, en un reflejo de su divinidad: es capaz de armar grandes tormentas a hacer florecer lágrimas en cuestión de minutos.
Entre canción y canción, cánticos contra el presidente Javier Milei, a favor de la comunidad LGBT y uno particular que le puso palabras a lo que la artista pone sobre la mesa desde sus comienzos, su bandera última. El por qué de todo resumido en pocas palabras:
El rock es de las pibas
Así, se hacía voz una premisa que intentó ser borrada por siglos y que fue recordada con furia y alegría en la garganta de mujeres y disidencias que, como ella, han apoyado, escuchado y amado por años este género sosteniendo una gran deuda que la historia tenía con ellas y que parece empezar a saldarse.
Pasada la intimidad, su versión única del himno de la cumbia latinoamericana Amores como el nuestro anticipaba la electricidad también anunciada que continuó con canciones como De Caza y Bajan de día de noche esperan mientras Bertoldi bailaba entre las sombras proyectadas a sus espaldas.
Una interpretación de Quieren rock de Intoxicados y el ya aclamado El Gordo le dieron pie a la introducción del bloque más potente de la noche.
Con una meditación guíada narrada con su propia voz entre luces azules cuyo mantra principal era "Soy una mujer del espectáculo", la artista se preparaba para dejar ir el personaje que había liderado la primera parte del show, cambiando su largo y blanco pelo por una peluca negra con filosos picos saliendo de su cabeza y un vestido corto y metalizado. Con las piernas al aire y la voz al frente, se entregaba como un monumento a la distorsión.
Llegando al final, las protagonistas fueron O No, La Casa de A, Racat, Cosas Dulces, MDMA y Monstruos que estallaron en pogos enérgicos liderados por cortas y largas cabelleras, amigas abrazadas, tops de encaje y camisas leñadoras. Una encarnación de la premisa madre: el rock es, fue y será de las mujeres, arriba y abajo del escenario, unidas e intentando día a día que se salde de una vez la deuda.


