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¿Cuánto puede durar un disco antes de que se desee reemplazarlo?

  • 8 may 2025
  • 5 Min. de lectura

Una reflexión sobre el lugar de los procesos creativos en la era de la inmediatez


Por Azul Martinez Flaiman - @azuntvg


Hasta hace no tanto, lanzar un disco era un proceso largo, casi un ritual: anuncios, pistas, algunos adelantos, meses de grabación en estudio, giras de prensa, shows en vivo, presentaciones en festivales…y recién ahí, quizá, el cierre de una etapa que podía durar entre dos o tres años. 


Pero, en los tiempos de TikTok –y de una retención del oyente que debe darse dentro de los primeros 3 segundos– los períodos parecen acortarse. Y lo que duraba años ahora exige durar apenas unos meses.


El debate no es nuevo. Desde 2020, el tiempo se transformó en una goma elástica que cada uno estira a su manera pero que siempre, para todos, parece pasar muy rápido.

Entonces los procesos artísticos, si es que se les permite seguir existiendo, parecen verse obligados a la aceleración.


Y esto hasta se presenta, incluso, como una contradicción en sí misma.

El mismo concepto de “proceso” parece en jaque.

Según el diccionario, Proceso:

• 1. nombre masculino. Acción de ir hacia delante.

• 2. nombre masculino. Transcurso del tiempo.

• 3. nombre masculino. Conjunto de las fases sucesivas de un fenómeno natural o de una operación artificial.


Sí, un proceso es algo que avanza… ¿pero qué tan rápido?


Sólo puede haber un verano brat


Un buen ejemplo para reflexionar es el de Charli XCX. La cantante triunfó con “brat” (2024), su último lanzamiento que la condujo a ganar premios, formar parte de uno de los festivales musicales más importantes del mundo y disparar su carrera. Sin embargo, muchas personas en redes sociales le exigen música nueva y “que deje de explotar el mismo disco”, que aún no cumple un año y cuya gira sigue en curso.


Su mismo éxito desmedido y viral es lo que lleva a la “saturación” de las personas: que suene en todas las radios, maricotecas, marchas y playlists. Haber visto su nombre, su color y su formato en todos lados pide un cambio de página.


En esta misma línea, ella misma es consciente de que debe reinventarse, moverse. Si no lo hace, todo el esfuerzo que le permitió estar en boca de todos y cantando sobre los mejores escenarios se ve amenazado.


Por eso, apostó por su propuesta invitando a colegas como Lorde, Troye Sivan y Billie Eilish a hacer nuevas versiones de sus canciones en las ediciones deluxe de “brat”, que salieron algunos meses después. Elevando así su proyecto y brindándole al público lo que consideraba que quería o que podría gustarle e intentando respetar su visión artística en el camino.


Además, decidió darle visibilidad a otros proyectos en el escenario de Coachella, no sin antes detenerse a reflexionar sobre este fenómeno, entre el chiste y la defensa propia.

Tal vez es momento para otro tipo de verano, tal vez es momento para mí de dejar ir”, sugería en las enormes pantallas. Refiriéndose a un disco que sigue de gira, pero ya debe “dejarle paso” a lo siguiente.




“Despidiendo” así al “verano brat”, como se había bautizado a la época de lanzamiento y auge del mismo, pero también al concepto dual encerrado en el disco: una combinación entre la seguridad de sí misma y las inseguridades a flor de piel.

Con ese mismo concepto juega, se ríe y se lamenta a la vez, a través de este mensaje y del último cambio en la portada del disco en las plataformas digitales: el cuadrado verde fluorescente ahora se muestra con sus puntas oxidadas y el nombre tachado, dando la imagen de que el tiempo pasó.



En un mundo atolondrado que la arrastra y que le hace sentir todo el tiempo que su turno ya pasó, se ve en la obligación de poner ella misma un fin a su momento de éxito antes de que el resto lo haga.


¿Realmente se quiere música rápido?


Pareciera que vivimos en un momento donde el proceso artístico —el explorarse, (des)encontrarse, equivocarse, darle forma a algunas canciones y conceptos, arrepentirse, borrarlas y volver a empezar— no es algo que los artistas puedan permitirse.

Se les pasa la estación del año, el mes, el día, la hora exacta para el posteo perfecto en Instagram, para el challenge de TikTok, o la oportunidad de presentar el single en el festival más importante.


A pesar de lo valioso que se considera que la música nueva sea diferente a todo lo escuchado antes, que la letra sea profunda y sincera, al mismo tiempo se espera que llegue más rápido que nunca.


Es como si nadie pudiera escapar: desde las grandes pop stars hasta los artistas locales en crecimiento; todos, en mayor o menor medida, sienten que si no es ahora, no es nunca. Y que, segundo a segundo, están perdiendo una oportunidad. Ya sea por no sacar una nueva canción o por no subirse a una nueva tendencia que tal vez les iba a dar más views, que podrían transformarse en oyentes.




Y sobre todo, son creativos. Necesitan tiempo para dejarse llevar por su proceso y hacer canciones con alma. Para que eso que lanzan no sea una copia de su última canción con ligeros cambios. Porque después esa manera de hacer música también genera rechazo y una catarata de críticas.




Entonces, ¿se quiere música rápido o se quiere música original?


Aprender a habitar lo que ya está


Quizás esta sea una oportunidad como oyentes de pisar el freno y hacer que el tiempo pase más lento. De revisar los discos anteriores, los singles perdidos, las colaboraciones que se escucharon poco.


Ahí se puede encontrar mucho de ese artista que seguro no se tiene tan fresco. También es una oportunidad de viajar al interior de uno mismo y de permitirse un proceso.

Un proceso de entender qué pasó ahí con esa música y por qué se desea más. De darle lugar a las voces que se despertaron con esas letras, en lugar de querer callarlas con otras nuevas.


En el espacio entre disco y disco también puede haber vida, convirtiéndose en un lugar para encontrarse con uno mismo. Y para que los artistas también lo hagan.

Para que viajen hacia adentro y puedan hacer nuevas reflexiones que traduzcan sentimientos en las nuevas canciones favoritas.


Para que disfruten de los resultados del esfuerzo que hicieron —mental, físico y económico— por tantos años. Para que se encuentren con su obra en la calle, cambiando la vida de miles de personas. 

Para tocar en vivo, llevar la propuesta artística a los escenarios con su público. A todos los que quieran y puedan, porque los escenarios de festival no siempre son los más valiosos.


¿Quién no ha deseado voces externas que sigan poniendo en palabras lo que uno siente, cuando ya se vuelve violento habitar lo que las canciones anteriores desataron adentro?

Lo que se puede hacer es aprender a habitarlas. Y sobre todo, a celebrar que tenemos a alguien que pone en palabras todo lo que sentimos.


¿No son justamente esos procesos de los que salen las mejores canciones?


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